miércoles, 1 de abril de 2009

La extraordinaria fidelidad del Maestro

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor – 9 de Abril de 2006
SIGUIENDO AL REY CRUCIFICADO HASTA EL FIN



Marcos 14-15
“Si eres Simón Cireneo, toma la cruz y sigue al Maestro”
(San Gregorio Nacianceno)

“Dios todopoderoso y eterno,
tú quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre
y muriese en la cruz,
para mostrar al género humano
el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad;
concédenos que las enseñanzas de su pasión
nos sirvan de testimonio y que un día
participemos en su gloriosa resurrección”
(Oración del día)

Introducción
Entramos gozosos con el rey triunfante a Jerusalén. Pero luego la liturgia nos invita a entrar en el gran silencio contemplativo de la Pasión, allí donde verdaderamente reina Jesús.
Veamos primero los cinco trazos esenciales del relato de la Pasión según san Marcos (14-15):
•La lectura de la Pasión de Jesús según san Marcos comienza con dos cenas: la de Betania (14,3-9) y la de la Pascua (14,22-24). En la primera, la unción –que es signo de reconocimiento mesiánico- Jesús mismo la relaciona con su muerte y su sepultura. En la cena pascual, también el mismo Jesús acepta libremente su muerte como sacrificio para nuestra salvación.
•San Marcos integra estas dos cenas con la noticia de la conspiración por parte del Sanedrín (14,1-2 y 10-11) y por el soborno de Judas y el anuncio de la negación de Pedro. Tenemos la sombra que envuelve el gesto luminoso de la entrega que Jesús hace de sí mismo: Jesús es el Mesías de la cruz, quien muere por nuestra salvación, no obstante los rechazos, las traiciones y los abandonos.
•Con la prisión y el abandono por parte de todos los discípulos, quienes huyen despavoridos, el discipulado entra en su mayor crisis. El detalle del joven que huye desnudo parece simbolizar la actitud de quienes hasta entonces siguen a Jesús, pero sin comprender su misterio.
•La pregunta sobre la verdadera identidad de Jesús, que fue el hilo conductor de todo el Evangelio –“¿Quién es éste?”- comienza a tener finalmente una respuesta definitiva: la cruz dirá, verdaderamente, quién es Él. Durante el proceso judicial, Jesús asume por primera vez públicamente su identidad de Hijo de Dios. Pero en contraposición aparece la decisión del Sanedrín y las negaciones de Pedro.
•Con la crucifixión y muerte de Jesús, el relato marcano llega a su momento cumbre: ahora sí es posible reconocer quién es Jesús, ahora es posible la fe. Será el centurión romano el primero en reconocer que el Crucificado es el Hijo de Dios.
1. Las escenas del relato de la Pasión
Veamos ahora la serie de escenas en la que se va desarrollando el relato de la Pasión. Aunque todas están estrechamente hilvanadas, vale la penar verlas también como pequeños cuadros que nos invitan a la contemplación de Jesús y intentar comprender lo que significa: “Si alguno quiere ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Marcos 8,34).
Lo importante es captar la idea central de cada escena.
1.1. El complot contra Jesús y la Cena en Betania
Los protagonistas de la Pasión preparan la fiesta de Pascua de manera diferente y contradictoria. Mientras que los responsables del Templo están más preocupados por inmolar a Jesús que por inmolar el cordero pascual, una mujer gasta una considerable suma de dinero para perfumar a Jesús y anticipar sus funerales, lo cual Jesús interpreta como anticipación de su entronización mesiánica.
1.2. La traición de Judas y los preparativos de la fiesta
De forma opuesta a la actitud de la mujer de Betania, Judas acepta dinero para entregar a Jesús. Jesús le pide a sus discípulos que preparen una sala. Pero en realidad ésta ya está lista. ¿Qué Pascua quiere celebrar Jesús? ¿Qué sentido le quiere dar a la fiesta?
1.3. La cena del Señor
Durante la cena, Jesús anuncia que será entregado. Su cuerpo y su sangre sustituirán al Cordero Pascual. La fiesta de Pascua toma un nuevo sentido. La Alianza entre Dios y los hombres ha sido renovada y se extiende a todos los hombres. La cena termina con un canto de acción de gracias. Yendo al Getsemaní, Jesús aparece más lúcido que sus discípulos. Les explica el sentido de su muerte, pero ellos no son capaces de comprender las palabras por el momento.
1.4. La agonía en el Getsemaní
Jesús se distancia de sus discípulos junto con Pedro, Santiago y Juan, para orar. El evangelista Marcos nos revela el secreto de su oración. Jesús queda completamente solo, no consigue involucrar a sus discípulos en la oración de abandono a la voluntad del Padre.
1.5. El arresto de Jesús
El grupo de discípulos que rodea a Jesús desde el comienzo del evangelio se dispersa. La escena está cargada de fuerte dramatismo: Judas lo traiciona con un beso; uno de los discípulos usa su espada; otro huye desnudo en medio de la oscuridad. Las palabras de la Escritura citadas durante cena se cumplen: “Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas”.
1.6. El juicio judío: ante Caifás
En el proceso judicial religioso, un grupo de fasos testigos desfilan ante Jesús. Por su parte, Jesús da testimonio verdadero acerca de sí mismo: revela su secreto mesiánico. La nobleza de sus palabras y de su comportamiento se contrapone a la conducta indigna de algunos de los jueces y guardias.
1.7. El juicio romano: ante Pilatos
Ante Pilatos, la agitación de los jefes contrasta con la calma y el silencio de Jesús.
1.8. Barrabás
La multitud se pone en contra de Jesús. Se pide la muerte del justo y la liberación del culpable. La muerte de Jesús es salvación del pecador. Pero Pilatos comete una injusticia.
1.9. Jesús coronado de espinas
Una ironía trágica caracteriza esta escena. Los soldados creen que están mofando de Jesús. No se dan cuenta que están diciendo la verdad: Jesús, efectivamente, es el rey de los judíos y merece que se arrodillen ante él.
1.10. El camino de la cruz
La inscripción colocada en la cruz, una vez más –sin que lo quieran los adversarios- dice la verdad. El relato sigue el ritmo de las indicaciones horarias: las nueve de la mañana, el mediodía, las tres de la tarde. La primera parte es la crucifixión, donde se destaca el despojo de las vestiduras de Jesús. Jesús rechaza la primera bebida que le ofrecen: un narcótico para adormecerlo y aliviar los dolores; él quiere vivir consciente las últimas horas.
1.11. Las burlas al crucificado
Se escucha el grito desafiante: “¡Sálvate a ti mismo!”. Tres grupos de personas confrontan al crucificado para burlarse se su misión mesiánica de salvación y sus títulos; le piden que se baje de la cruz para poder creer en él. Lo más trágico: incluso sus compañeros de condena lo insultan.
1.12. La muerte de Jesús
Al mediodía viene una gran oscuridad que se prolonga al menos por tres horas, hasta la muerte de Jesús. ¿La tierra será más consciente que los humanos, al cubrirse el rostro ante el crimen que se va a cometer? Una profecía está en el trasfondo. El cosmos anuncia que ha llegado la hora del fin: la intervención decisiva de Dios en la historia. En medio de la
oscuridad Jesús ora con el Salmo 22. Los presentes se burlan de su experiencia de Dios tergiversando las palabras del Salmo. Jesús muere.
1.13. La hora del discipulado
Al morir Jesús un nuevo signo interpretativo del sentido de la cruz se manifiesta: el velo del Templo se rasga. En el cuerpo del crucificado Dios ha revelado su presencia definitiva en medio de los hombres: un nuevo acceso a Dios es posible. El centurión romano profesa la fe: “viendo la forma como murió”. De forma paradójica se realiza lo que piden los adversarios: “que veamos para que creamos”. Curiosamente lo que ve el centurión no es que Jesús se salve de la Cruz sino que muere en ella con una oración de confianza en el Padre Dios. Dice: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Es la más bella profesión de fe del Evangelio. Las mujeres, imagen de fidelidad en el discipulado, contemplan la escena desde lejos. ¿Creerán como el centurión?
1.14. Jesús es sepultado
No todos los responsables del pueblo judío eran contrarios a Jesús. Uno de ellos viene a enterrarlo. Las mujeres hacen de “testigos” de la sepultura en la expectativa de lo sean también después de la resurrección.

2. Releamos ahora el Evangelio con un Padre de la Iglesia
“Seremos participantes de la Pascua de forma más clara de lo que se hacía en la antigua Ley (…). Pero un día, cuando el Verbo beba con nosotros el cáliz nuevo del Reino del Padre, participaremos más perfectamente y con visión más clara, porque entonces el Verbo mostrará lo que ahora nos hizo ver de forma menos plena. (…)
Si eres Simón Cireneo, toma la cruz y sigue al Maestro. Si, como ladrón, está colgado de la cruz, reconoce honestamente a Dios: si él, por ti y por tus pecados fue ahora contado entre los impíos, tú, por Él, hazte justo.
Adora a aquel que por tu culpa fue colgado de un madero; y si tú estás crucificado, saca ventaja de tu maldad, compra la sal con la muerte, entra en el Paraíso con Jesús, para comprender de qué altura caíste… Si eres José de Arimatea, pide el cuerpo a quien lo crucificó; aprópiate del cuerpo que expió los pecados del mundo. Si eres Nicodemo, aquel admirador nocturno de Dios, úngelo con los ungüentos fúnebres. Si eres la primera María, o la otra María, o Salomé, o Juana, derrama lágrimas al romper el alba. Obra de tal manera que puedas ver el túmulo destapado o, tal vez, a los ángeles o incluso al propio Jesús”.
(San Gregorio Nacianceno, Oratio XLV, in Pascha, 23-25)

En la segunda parte del Salmo, hay un cambio total de la situación: Dios se manifiesta, no se queda mudo. Dios escucha el grito del justo sufriente, quien ahora puede exclamar: “Me has respondido”.
La última parte del Salmo es precisamente una oración de acción de gracias al Dios Salvador: “¡Alábenlo! ¡Glorifíquenlo! ¡Témanlo!”.
[Nota: Este Salmo está siendo comentado en el programa radial del CEBIPAL. Habrá un especial los días lunes, martes y miércoles santo, de 10 a 11 pm. Se puede escuchar por Real Audio. Vaya a la página de los servicios bíblicos del cebipal: www.celam.org/cebipal]

Segunda lectura: Filipenses 2,6-11
Los primeros cristianos cantaban así su fe en el Misterio Pascual de Jesús, el salvador, en la liturgia bautismal y en las Eucaristías.
Con este himno cristológico, San Pablo quiere sacudir a los cristianos que caen en la tentación del querer aparecer demasiado, cayendo en la vanagloria y la rivalidad entre sí, poniendo así en peligro la unidad de la Comunidad.
Notemos el contraste entre la expresión “condición divina”, que se refiere a la divinidad de Jesús, y la “condición de esclavo”, que se refiere a su humanidad concreta.
La primera parte del Himno describe el abajamiento de Jesús hasta el último grado de la condición de “esclavo” (la cruz era el suplicio de los esclavos). El sujeto de los verbos es Cristo: él escogió deliberadamente el destino del siervo.
La segunda parte describe su exaltación progresiva, hasta la proclamación de su señorío universal. Ahora Dios es el sujeto de los verbos: él es quien exalta a su Cristo, quien se humilló.
Pablo está pensando en el Siervo sufriente del que habla Isaías y considera la persona histórica de Jesús (y no tanto al Hijo de Dios en su preexistencia eterna). En contraste con Adán, simple hombre, quien intentó apropiarse de la gloria y de los privilegios que le pertenecían exclusivamente a Dios (Gn 3), Cristo, lejos de reinvindicar la gloria a la que tenía derecho en cuanto Dios, renunció a ella intencionalmente, escogiendo el camino de la humillación, y ¡hasta qué punto! Por eso fue exaltado soberanamente, mientras que Adán fue “precipitado” de su condición original.
Cristo se aniquiló (literalmente: “se vació de sí mismo”): no quiere decir que renunció a su naturaleza divina –cosa impensable- sino que no quiso usar los privilegios que esa naturaleza le concedía a su humanidad. Decidió privarse de ellos, para recibirlos del Padre, como fruto de su obediencia pascual.
Así, la humanidad de Jesús es el mejor llamado a los creyentes para que vivan integralmente el Misterio pascual se su Señor.