viernes, 10 de abril de 2009

La soja no produce Eucaristía





Hemos recordado ayer la última cena de Jesús con sus discípulos, una comida que sintetiza el proyecto y la misión de Jesús: renovar la Alianza con nuestro Padre Dios y vivir como hermanos, construyendo una sociedad más fraterna.


Los primeros cristianos comprendieron desde un principio que compartir la Eucaristía era renovar la propuesta de solidaridad y justicia de Jesús, que implicaba un nuevo estilo de vida y una esperanza: la vida eterna será como una mesa que se comparte, donde no habrá penas ni dolores.

La pregunta es si nosotros, cristianos de hoy, comprendemos la propuesta de Jesús. Si hemos descubierto el significado profundo de sentarnos a la mesa con Jesús. Si miramos lo que sucede en la ciudad de Charata en estos días, debemos decir que no. Y quede claro que Charata es un icono de lo que sucede en muchas localidades de nuestro país.

La prosperidad que trajo la soja, beneficio a unos pocos y perjudico a muchos, y siempre a los más pobres.

El desmonte (para plantar soja) ha traído inundaciones, aumento de las temperaturas y de la humedad, caldo de cultivo favorable para la propagación del dengue.

La soja ha traído prosperidad a unos pocos, pero no se ha derramado en toda la comunidad mejorando la calidad de vida: agua potable, cloacas, gas, etc. Muy por el contrario ha crecido la brecha entre ricos y pobres. En muchas de las ciudades donde se plantó soja creció un casino, creció la prostitución, creció la injusticia.

La soja, cultivada para ser vendida casi totalmente en el exterior, agota la tierra, daña nuestra economía, y nos convierte en dependientes de las exigencias transnacionales.

No es verdad que la soja resuelva los problemas de nuestro país. Cuantos han sido perjudicados en su trabajo a causa de la plantación indiscriminada de soja.



Frente al proyecto representado por la soja, se alza el proyecto de la Eucaristía, de la mesa compartida, del respeto por el ambiente, del compromiso por la distribución de la riqueza, el proyecto de la justicia y la solidaridad que propone el Evangelio. En el Reino de los Cielos ya no habrá dengue, ni soja.