miércoles, 11 de marzo de 2009

Jesus purifica el templo

Domingo 15 de Marzo de 2009
Domingo 3º de Cuaresma
Éxodo 20,1-17: La Ley se dio por medio de Moisés
Salmo responsorial: 18: Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
1Corintios 1,22-25: Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero, para los llamados, sabiduría de Dios
Juan 2,13-25: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Purifica el templo
cfr. Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; Lc 19,45-48

Lectura:
Jua 2:13 Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén.
Jua 2:14 Encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero sentados.
Jua 2:15 Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, ovejas y bueyes; esparció las monedas de los que cambiaban dinero y volcó las mesas;
Jua 2:16 a los que vendían palomas les dijo:
–Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado.
Jua 2:17 Los discípulos se acordaron de aquel texto: El celo por tu casa me devora.
Jua 2:18 Los judíos le dijeron:
–¿Qué señal nos presentas para actuar de ese modo?
Jua 2:19 Jesús les contestó:
–Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré.
Jua 2:20 Los judíos dijeron:
–Cuarenta y seis años ha llevado la construcción de este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Jua 2:21 Pero él se refería al santuario de su cuerpo.
Jua 2:22 Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron que había dicho eso y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús.
Jua 2:23 Estando en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en él al ver las señales que hacía.
Jua 2:24 Pero Jesús no se confiaba de ellos porque los conocía a todos;
Jua 2:25 no necesitaba informes de nadie, porque él sabía lo que hay en el interior del hombre.

Comentario:
Jua 2:13-25 Purifica el templo. Los evangelios sinópticos ponen este incidente en la única visita que Jesús hace a Jerusalén al final de su ministerio. Juan, que lleva a Jesús repetidas veces a Jerusalén, lo pone al comienzo. Jesús viene a transformarlo todo. El Templo que se había convertido en un mercado debía ser sustituido por Jesús, el nuevo Templo de la presencia de la gloria de Dios.


Con las bodas de Caná termina la primera parte del evangelio, que hemos llamado la Semana del Descubrimiento. Aquí empieza una nueva sección con la subida de Jesús a Jerusalén con ocasión de la Pascua (ver la Introducción). Pareciera que Juan se propuso reunir en esta sección hechos y palabras que nos muestran a Jesús como el nuevo Templo de los creyentes. Jesús no ha empezado todavía su predicación; se dirige al Templo de Jerusalén, que es como el corazón de la nación judía. El pueblo necesita de los sacerdotes para ofrecer sus sacrificios, y el Templo es el lugar en el que afluyen las ofrendas y los dones de la comunidad. Por esta razón en todo tiempo y lugar "el templo" ha despertado muchas ambiciones (Esd 4,1; 2M 1,13; 2M 4,7). Los profetas habían denunciado los abusos (como estos vendedores en los patios sagrados que pagaban tasas a los sacerdotes) y Zacarías había anunciado esta purificación que Jesús realiza a su manera (Za 14,21). Me devora el celo por tu casa, los insultos de los que te insultan cayeron sobre mí esto estaba escrito en el Salmo 69. Y en realidad, el odio de los jefes de los sacerdotes llevará a Jesús a la muerte. En ese tiempo los apóstoles no podían comprender estas palabras, pues para ellos no había nada más sagrado que el Templo y la Biblia (la Escritura). Pero algún día sabrían que la más insignificante palabra de Jesús tiene tanto peso como toda la Escritura. Y también comprenderán que Jesús es el verdadero Templo. Hasta entonces los hombres se construían templos y buscaban lugares donde encontrar a Dios y conseguir sus favores. Pero ahora Dios se hace presente en Jesús; él es el que nos entrega todas las riquezas de Dios (1,16).


Podría uno asombrarse de que Juan sitúe aquí el episodio de los vendedores del Templo. Véase al respecto el comentario de Mt 21,1. Es bastante probable que Juan articuló la última redacción de su evangelio alrededor de tres Pascuas, lo que no deja de presentar una pequeña dificultad porque con toda probabilidad el ministerio público de Jesús no duró más que dieciocho meses y por consiguiente no hubo en ese lapso más que dos Pascuas, siendo la segunda la de su Pasión. Se sabe que los demás evangelistas no quisieron mencionar más que una subida de Jesús a Jerusalén y por lo tanto hablan sólo de una Pascua, la última.