domingo, 3 de junio de 2007

Algunas consideraciones del Card. Martini sobre la Lectura orante

El cardenal Martín ha sido uno de los maestros de la lectio divina en nuestro tiempo:

“La lectio divina es, pues, descripta como una actividad compleja, hecha de distintos momentos, que comienza por la lectura y relectura de un texto bíblico, pasa a reflexionar sobre los valores, se hace oración y, finalmente, alcanza la contemplación de Cristo o del misterio de Dios presente en la palabra escuchada”[1].


Métodos de lectura orante de la Biblia

“Se puede realizar según dos momentos diversos. El primero, el clásico, parte del texto para llegar a la transformación del corazón y de la vida según el esquema lectura-meditación-oración-contemplación. El segundo parte de los hechos de la vida para comprender su significado y el mensaje a la luz de la palabra de Dios. Sus dos momentos pueden expresarse en las dos preguntas: ¿cómo se revela la presencia de Dios en este hecho? ¿Qué invitación me dirige el Señor por medio de él? Hay que tener en cuenta que la autenticidad de las respuestas se verifique según los ejemplos o palabras de Jesús en el Evangelio u otras situaciones o palabras de la Escritura. Una variante de este método es el trinomio ver-juzgar-actuar, en el que juzgar significa comprender el hecho a la luz de la palabra de Dios, y el obrar se confronta con los imperativos del Evangelio. El primer método se adapta mejor para la lectura personal, el segundo para un encuentro de grupo (revisión de vida). Pero los dos métodos se integran mutuamente, y se corrigen en sus posibles unilateralidades. Un ejercicio de los mismos garantizará esa penetración de la Palabra en la vida que es la finalidad de este programa pastoral”[2]


“No creo que sea posible pasar indemnes a través del desierto espiritual del mundo occidental, si el cristiano actual -mucho mas que el cristiano de hace 20, 30 0 50 años- no aprende a alimentarse personalmente de la Palabra de Dios, capaz de hacerle sentir e irradiar la alegría de la presencia incluso en medio de la ausencia mas grande que uno pueda imaginar en tomo a sí mismo

Precisamente por esto, considero que cada uno de nosotros -ya sea laico, religioso, sacerdote, obispo- no tiene posibilidad de sobrevivir convenientemente a la tentación del hoy y de no sucumbir a formas de paganismo practico o a actividades que sirvan solo para expresarse o para distinguirse -sin que sean suscitadas y guiadas por el Espíritu- si no conoce, si no medita, si no gusta interiormente la Escritura” [3].



[1] Busco una verdad. Palabras a los jóvenes, pag. 66.

[2] Martini, En el principio la Palabra, Paulinas, Bogota, pag.52

[3] Martini, Busco una verdad, Verbo Divino, Pamplona 1999, pag. 77