jueves, 12 de febrero de 2009

Sexto Domingo del Tiempo Ordinario

Queda limpio!

Marcos 1.40-45

40Un hombre enfermo de lepra se acercó a Jesús, y poniéndose de rodillas le dijo:
–Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad.
41Jesús tuvo compasión de él, le tocó con la mano y dijo:
–Quiero. ¡Queda limpio!
42Al momento se le quitó la lepra y quedó limpio. 43Jesús lo despidió en seguida,
recomendándole mucho:
44–Mira, no se lo digas a nadie. Pero ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu
purifi cación la ofrenda ordenada por Moisés; así sabrán todos que ya estás limpio de
tu enfermedad.
45Sin embargo, en cuanto se fue, comenzó a contar a todos lo que había pasado.
Por eso, Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, sino que se quedaba
fuera, en lugares donde no había nadie; pero de todas partes acudían a verle.
Otras lecturas: Levítico 13.1-2, 44-46; Salmo 32.1-2, 5, 11; 1 Corintios 10.31-11.1

LECTURA:

En la actualidad la lepra es curable, pero en tiempos de Jesús no tenía ni medicina ni
curación: la lepra llevaba consigo una sentencia de muerte para quien la padecía.
Cualquiera que parecía sufrir de lepra era considerado una persona contagiosa y se
le alejaba de su familia, de sus amigos, de su hogar y su trabajo. Se veía obligado a vivir
en lugares aislados y este problema social causaba enorme sufrimiento tanto para los
leprosos como para sus familias.
Las personas con lepra ya no podían participar en las actividades religiosas del
templo o la sinagoga porque eran ritualmente impuras. De hecho, si eras leproso
estabas muerto para tu familia y para la sociedad. Solamente la declaración de
liberación de la enfermedad pronunciada por el sacerdote podía abrirte las puertas
para reincorporarte a la sociedad.
No sabemos si Jesús se acercó a este hombre intencionadamente; parece que estaban
a solas cuando se encontraron. El leproso pronunció a la vez un ruego conmovedor y
una profesión de fe. ‘Si quieres, puedes limpiarme’.
Jesús no dudó. Le tocó y le dijo: ‘¡Queda limpio!’. Al instante, el hombre quedó
curado. Como judío piadoso, Jesús le dijo al hombre que hiciera lo que mandaba
en aquellas circunstancias la ley de Moisés: ir a ver al sacerdote (Levítico 14.2-32).
También le ordenó que no le contara a nadie su curación.
Pero el leproso no pudo contenerse, no hizo caso de lo que le había dicho Jesús y le
contó a todo el mundo su curación. Por eso, las gentes comenzaron a buscar a Jesús;
hasta tal punto, que ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo. Tenía que
quedarse en descampado.

MEDITACION:

■ El hombre tenía fe, fue curado milagrosamente, pero desobedeció a Jesús. ¿Por qué
crees que lo hizo?
■ Jesús tiene un mensaje para el leproso y para todos nosotros: ¿cuál crees que es?
■ Todo lo que rodeaba a los leprosos ponía de manifi esto su marginación. Incluso
tenían que gritar ‘impuro’ cuando había gente a su alrededor. ¿Cómo respondes a
quienes se considera ‘marginados’ en tu iglesia o en tu ciudad?

ORACION:

Al leproso no le dio miedo pedir lo que parecía imposible. La fe le empujó hacia
Jesús. Lucas 1.37 dice que ‘para Dios no hay nada imposible’. Repite esta frase en tu
interior varias veces. Pídele a Dios que aumente tu fe en él.
Jesús se siente movido por la misericordia y reacciona inmediatamente. Pídele a
Dios que te enseñe a dar una respuesta a los necesitados.

CONTEMPLACION:

La primera lectura explica las instrucciones sobre las enfermedades de la piel
(Levítico 13.1-2, 44-46). El futuro para los aquejados de la temida enfermedad de la
piel era muy sombrío. La fe, junto con su acción, llevó a aquel hombre a tender sus
manos a Jesús con una sencilla oración. ¿Cómo pones en acción tu fe?
En la segunda lectura (1 Corintios 10.31-11.1) Pablo nos anima a seguir el ejemplo
de Jesús. Esto signifi ca pensar en los que tienen creencias distintas a las nuestras para
que también ellos encuentren a Jesús.