martes, 17 de febrero de 2009

Levántate

Lectura:

Sana a un paralítico

Mt 9,1-8; Lc 5,17-26; cfr. Jn 5,1-18

Mar 2:1 Después de unos días volvió a Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa.
Mar 2:2 Se reunieron tantos, que no quedaba espacio ni siquiera junto a la puerta. Y él les anunciaba la palabra.
Mar 2:3 Llegaron unos llevando un paralítico entre cuatro;
Mar 2:4 y, como no lograban acercárselo por el gentío, levantaron el techo encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico.
Mar 2:5 Viendo Jesús su fe, dijo al paralítico:
Hijo, tus pecados te son perdonados.
Mar 2:6 Había allí sentados unos letrados que discurrían en su interior:
Mar 2:7 –¿Cómo puede éste hablar así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
Mar 2:8 Jesús, adivinando lo que pensaban, les dijo:–¿Por qué están pensando eso?
Mar 2:9 ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico que se le perdonan sus pecados o decirle que cargue con su camilla y comience a caminar?
Mar 2:10 Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados –dijo al paralítico–:
Mar 2:11 Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Mar 2:12 Se levantó de inmediato, tomó su camilla y salió delante de todos. De modo que todos se asombraron y glorificaban a Dios diciendo: Nunca vimos cosa semejante.



Comentarios

Mar 2:1-12 Sana a un paralítico. Marcos reúne en un solo bloque (2,1-3,6) cinco controversias con los más fuertes opositores de Jesús y de las primeras comunidades cristianas (escribas, fariseos, discípulos de Juan, herodianos). La Buena Noticia que alegra a los marginados, asusta a las autoridades religiosas y políticas.

En este pasaje Marcos reúne una tradición de milagro y otra de controversia. El texto destaca la solidaridad y la fe de cuatro amigos y un paralítico, que a toda costa buscan estar cerca de Jesús. Los obstáculos insinúan lo que tendrán que superar las comunidades cristianas para no dejarse alejar de Jesús. ¿Por qué antes de sanar al paralítico Jesús le perdona los pecados? La razón es simple: de nada le sirve al reino, personas, familias, o pueblos, sanos por fuera cuando por dentro su conciencia sigue enferma de codicia y egoísmo. Jesús busca que el paralítico no sólo tenga sus pies sanos, sino una conciencia y una vida nueva.


[.] Con este milagro del paralítico perdonado y sanado, Jesús da tres respuestas a la vez al enfermo, a sus amigos y a los fariseos. Al ver la fe de aquella gente. Son los amigos del paralítico, los que habían convencido a su compañero de que debía ir donde Jesús. Y Jesús premia su fe. Aparentemente el paralítico no había hecho más que consentir el viaje. De entrada Jesús le dice Se te perdonan tus perdonados. ¡Qué palabras tan extrañas! ¿Cómo podría perdonar Jesús los pecados, si el hombre no es consciente de alguna falta y si, al mismo tiempo, no está arrepentido y en espera del perdón? Seguramente hay algo que el evangelio no dice. Pero muchos textos del Antiguo Testamento destacan las relaciones complejas entre el pecado y la enfermedad. A menudo la enfermedad nos hace darnos cuenta de nuestra situación de pecador, y por su parte Jesús no quiere sanar sin que primero haya una reconciliación con Dios. Jesús actúa como Dios miró al pecador, le quitó sus complejos de culpabilidad y lo perdonó antes de sanarlo. ¡Feliz el que supo, por la mirada de Jesús y sus palabras, que ya estaba perdonado! Dios es quien vive y quien ama, y debemos encontrarlo en forma personal para que el perdón sea verdadero. Los fariseos se escandalizan por las palabras de Jesús; por supuesto que sólo Dios puede perdonar los pecados. La gente sencilla no reaccionó, pero la indignación de los maestros de la Ley es muy justificada, puesto que ni ellos ni los mismos discípulos de Jesús entienden quién es él. Jesús, sin embargo, los deja callados Si yo doy la salud a lo divino, ¿por qué no perdonaría a lo divino? Jesús desconcierta a los que se preguntan quién es él. Mejor todavía, demuestra que sólo él puede sanar al hombre entero, en cuerpo y alma.



[o] Y él anunciaba la Palabra. La Palabra es uno de los términos del vocabulario de la Iglesia primitiva. Designaba en ese entonces la proclamación del mensaje cristiano (Hech 6,4; 10,44; 14,25; Rom 10,8). Para el evangelista está claro que Jesús cumple en la casa donde está alojado el ministerio de enseñanza que es propio del misionero. Por una parte es la interpretación de la Palabra de Dios tal como se la encuentra en las lecturas del Antiguo Testamento; es también la inspiración profética que le permite hacer la aplicación viviente de ella tal como se ve en Lc 4,21. Tanto el Evangelio como los escritos apostólicos muestran que Jesús, y luego la Iglesia, habían reanudado con la tradición profética: no se trataba simplemente de repetir textos venerados sino que servían de apoyo para sostener que habían comenzado nuevos tiempos.