martes, 4 de noviembre de 2008

Proposiciones para el Papa del Sínodo de la Palabra

Introducción

Proposición 1 Documentos que se presentan al Sumo Pontífice

Se quiere presentar a la consideración del Sumo Pontífice -además de los documentos sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia relativos a este sínodo, es decir los "Lineamenta" el "Instrumentum laboris", las Relaciones "ante e post disceptationem" y los textos de las intervenciones, tanto los presentados en el aula como aquellos "in scriptis", las Relaciones de los Círculos Menores y sus debates, sobre todo propuestas específicas, que los padres han considerado de especial relieve.

Los padres sinodales piden humildemente al Santo Padre que valore la oportunidad de ofrecer un documento sobre el misterio de la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, también a la luz del Año dedicado a San Pablo, apóstol de las gentes, en el bimilenario de su nacimiento.

Proposición 2 De la Constitución Dogmática Dei Verbum al Sínodo sobre la Palabra de Dios

Los padres sinodales, a más de cuarenta años de la promulgación de la Constitución dogmática sobre la divina Revelación "Dei Verbum" (DV), obra del Concilio Ecuménico Vaticano II, reconocen con ánimo agradecido los grandes beneficios aportados por este documento a la vida de la Iglesia, a nivel exegético, teológico, espiritual, pastoral y ecuménico.

En el surco de la historia del 'intellectus fidei' y de la doctrina cristiana, esta constitución ha puesto en evidencia el horizonte trinitario e histórico salvífico de la revelación.

En estos años, ha crecido indudablemente la conciencia eclesial de que Jesucristo, Palabra de Dios encarnada, "por el hecho mismo de su presencia y la manifestación que hace de sí con las palabras y con las obras, con los signos y con los milagros, y especialmente con su muerte y su resurrección de entre los muertos, y en fin con el envío del Espíritu de verdad, cumple y completa la Revelación y la corrobora con el testimonio divino, es decir que Dios está con nosotros para liberarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos para la vida" (DV 4).

Todo esto ha permitido profundizar el valor infinito de la Palabra de Dios que se entrega a nosotros en la Sagrada Escritura, como testimonio inspirado de la revelación, que con la viva Tradición de la Iglesia constituye la regla suprema de la fe (cf. DV 21). Es esta misma palabra la que es conservada e interpretada fielmente por el Magisterio (cf. DV 10), celebrada en la sagrada Liturgia y se entrega a nosotros en la Eucaristía como pan de vida eterna (cf. Juan 6).

Apreciando la riqueza de lo aflorado en estos años, la Iglesia siente hoy la necesidad de profundizar más el misterio de la Palabra de Dios en sus diversas articulaciones e implicaciones pastorales. Por tanto, esta Asamblea Sinodal formula el auspicio de que todos los fieles crezcan en la conciencia del misterio de Cristo, único salvador y mediador entre Dios y los hombres (cf. 1 Timoteo 2, 5; Hebreos 9, 15), y la Iglesia renovada por la escucha religiosa de la Palabra de Dios pueda emprender una nueva etapa misionera, anunciando la Buena Noticia a todos los hombres.

Primera parte La Palabra de Dios en la fe de la Iglesia

Proposición 3 Analogía "Verbi Dei"

La expresión Palabra de Dios es analógica. Se refiere sobre todo a la Palabra de Dios en Persona que es el hijo Unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Verbo del padre hecho carne (cf. Juan 1, 14). La Palabra divina, ya presente en la creación del universo y en modo especial del hombre, se ha revelado a lo largo de la historia de la salvación y es atestiguada por escrito en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Esta Palabra de Dios trasciende la Sagrada Escritura, aunque esta la contiene en modo muy singular. Bajo la guía del Espíritu (cf. Juan 14, 26; 16, 12-15) la Iglesia la custodia y la conserva en su Tradición viva (cf. DV 10) y la ofrece a la humanidad a través de la predicación, los sacramentos y el testimonio de vida. Los Pastores, por lo tanto, deben educar al Pueblo de Dios a acoger los diversos significados de la expresión Palabra de Dios.

Proposición 4 Dimensión dialógica de la Revelación

El diálogo, cuando se refiere a la Revelación, comporta el primado de la Palabra de Dios dirigida al hombre. En su gran amor, Dios quiso venir al encuentro de la humanidad y tomó la iniciativa de hablar a los hombres llamándolos a compartir su misma vida. La especificidad del cristianismo se manifiesta en el evento Jesucristo, culmen de la Revelación, cumplimiento de las promesas de Dios y mediador del encuentro entre el hombre y Dios. Él, "que nos ha revelado a Dios" (Juan 1, 18) es la Palabra única y definitiva entregada a la humanidad. Para acoger la Revelación, el hombre debe abrir la mente y el corazón a la acción del Espíritu Santo que le hace comprender la Palabra de Dios, presente en las Sagradas Escrituras. A Dios el hombre responde en plena libertad con la obediencia de la fe (cf. Rm 1, 5; 2 Cor 10, 5-6; DV 5).

María, Madre de Jesús, personifica esta obediencia de la fe en manera ejemplar; ella es también el arquetipo de la fe de la Iglesia que escucha y acoge la Palabra de Dios.

Proposición 5 Espíritu Santo y Palabra de Dios

Las Sagradas Escrituras, siendo don entregado por el Espíritu Santo a la Iglesia Esposa de Cristo, tienen en la Iglesia su lugar hermenéutico proprio.

El mismo Espíritu, que es autor de las Sagradas Escrituras, es también guía de su recta interpretación en la formación a través de los tiempos de la 'fides Ecclesiae'.

El Sínodo recomienda a los pastores recordar a todos los bautizados el papel del Espíritu Santo en la inspiración (cf. DV 11), en la interpretación y en la comprensión de las Sagradas Escrituras (cf. DV 12). En consecuencia, todos nosotros discípulos estamos invitados a invocar con frecuencia al Espíritu Santo, para que Él nos conduzca al conocimiento cada vez más profundo de la Palabra de Dios y al testimonio de nuestra fe (cf. Juan 15, 26-27). Recuerden los fieles que las sagradas Escrituras se cierran evocando el grito común del Espíritu y de la Esposa: "Ven Señor Jesús" (cf. Apocalipsis 22, 17.20).

Proposición 6 Lectura patrística de la Escritura

Para la interpretación del texto bíblico, no se debe descuidar la lectura patrística de la Escritura, que distingue dos sentidos: literal y espiritual. El sentido literal es el significado por las palabras de la Escritura y encontrado a través de los instrumentos científicos de la exégesis crítica. El sentido espiritual concierne también a la realidad de los eventos de los que habla la Escritura, teniendo en cuenta la Tradición viviente de toda la Iglesia y la analogía de la fe, que comporta la conexión intrínseca de las verdades de la fe entre ellas y en la totalidad del diseño de la Revelación divina.

Proposición 7 Unidad entre Palabra de Dios y Eucaristía

Es importante considerar la profunda unidad entre la Palabra de Dios y la Eucaristía (cf. Dei Verbum 21), como se expresa en algunos textos concretos, como Juan 6, 35-58; Lc 24, 13-35, de modo que supera la dicotomía entre las dos realidades, que a menudo existe en la reflexión teológica y en la pastoral. De este modo se hará más evidente la relación con el Sínodo anterior sobre la Eucaristía.

La Palabra de Dios se hace carne sacramental en el evento eucarístico y lleva a su cumplimiento la Sagrada Escritura.

La Eucaristía es un principio hermenéutico de la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura ilumina y explica el misterio eucarístico. En este sentido, los padres sinodales se auguran que se pueda promover una reflexión teológica sobre la sacramentalidad de la Palabra de Dios. Sin el reconocimiento de la presencia real del Señor en la Eucaristía, la inteligencia de la Escritura queda incumplida.

Proposición 8 Palabra de reconciliación y conversión

La Palabra de Dios es Palabra de reconciliación porque en ella Dios reconcilia consigo todas las cosas (cf. 2 Cor 5, 18-20; Ef 1, 10). El misericordioso perdón de Dios, encarnado en Jesús, realza al pecador.

Debe subrayarse la importancia de la Palabra de Dios en los sacramentos de sanación (penitencia y unción).

La Iglesia debe ser la comunidad que, reconciliada por aquella Palabra que es Jesucristo (cf. Ef 2, 14-18; Col 1, 22), ofrece a todos un espacio de reconciliación, de misericordia y de perdón.

La fuerza sanadora de la Palabra de Dios es una llamada viva a una constante conversión personal a la misma escucha y un incentivo para un anuncio valiente de la reconciliación ofrecida por el Padre en Cristo (cf. 2 Cor 5, 20-21).

En estos días de conflictos de todo tipo y de tensiones interreligiosas, en fidelidad a la obra de reconciliación realizada por Dios en Jesús, los católicos están empeñados en dar ejemplo de reconciliación, tratando de compartir los mismos valores humanos, éticos y religiosos en su relación con Dios y con los demás. Así traten de construir una sociedad justa y pacífica.

Proposición 9 Encuentro con la Palabra en la lectura de la Sagrada Escritura

Este Sínodo vuelve a proponer con fuerza a todos los fieles el encuentro con Jesús, Palabra de Dios hecha carne, como evento de gracia que vuelve a acontecer en la lectura y la escucha de las sagradas Escrituras. Recuerda san Cipriano, recogiendo un pensamiento compartido por los Padres: "Asiste con asiduidad a la oración y a la Lectio divina. Cuando oras hablas con Dios, cuando lees es Dios el que habla contigo (Ad Donatum, 15).

Por tanto, esperamos vivamente que de esta asamblea derive una nueva etapa de mayor amor a la Sagrada Escritura por parte de todos los miembros del Pueblo de Dios, de manera que de su lectura orante y fiel en el tiempo, se profundice la relación con la misma persona de Jesús. En esta perspectiva, se augura -en cuanto sea posible- que cada fiel posea personalmente la Biblia (cf. Dt 17, 18-20) y goce de los beneficios de la especial indulgencia ligada a la lectura de las Escrituras (cf. Indulgentiarum Doctrina, 30).

Proposición 10 El Antiguo Testamento en la Biblia cristiana

Jesús oró los Salmos y leyó la Ley y los Profetas, citándolos en su predicación y presentándose a sí mismo como el cumplimiento de las Escrituras (cf. Mt 5, 17; Lc 4, 21; 24, 27; Jn 5, 46). El Nuevo Testamento ha extraído constantemente del Antiguo Testamento las palabras y las expresiones que le permiten narrar y explicar la vida, la muerte y la resurrección de Jesús (cf. Mt 1-2 y Éxodo passim; Mc 6, 3; Lc 24, 25-31). Al mismo tiempo, por lo demás, su muerte y resurrección "dieron a estos mismos textos una plenitud de significado antes inconcebible" (Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, III A 2).

En consecuencia, la fe apostólica en Jesús es proclamada "según las Escrituras" (cf. 1 Cor 15), y presenta a Jesucristo cono el "sí" de Dios a todas las promesas (cf. 2 Cor 1, 20). Por estas razones, el conocimiento del Antiguo Testamento es indispensable a quien cree en el Evangelio de Jesucristo, porque -según la palabra de San Agustín- el Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo y el Antiguo se manifiesta en el Nuevo (cf. Quaestiones in Heptateucum, 2, 73). Quaestiones in Heptateucum

Por tanto, auguramos que, en la predicación y en la catequesis, se tengan en su debida cuenta las páginas del Antiguo Testamento, explicándolas adecuadamente en el contexto de la historia de la salvación, y se ayude al Pueblo de Dios a apreciarlas a la luz de la fe en Jesús el Señor.

Proposición 11 Palabra de Dios y caridad hacia los pobres

Unos de los rasgos característicos de la Sagrada Escritura es la revelación de la predilección de Dios por los pobres (cf. Mt 25, 31-46). Jesús de Nazaret, Palabra de Dios encarnada, pasó por este mundo haciendo el Bien (cf. Hechos 10, 35). La Palabra de Dios, acogida con disponibilidad, genera abundantemente en la Iglesia la caridad y la justicia hacia todos, y sobre todo hacia los pobres. Como enseña la encíclica Deus Caritas Est, los primeros que tienen derecho al anuncio del Evangelio son justamente los pobres, necesitados no sólo de pan sino también de palabras de vida.

Sin embargo, los pobres no sólo son los destinatarios de la caridad sino también agentes de evangelización, en tanto en cuanto están abiertos a Dios y son generosos en compartir con los demás. Los pastores están llamados a escucharles, a aprender de ellos, a guiarles en su fe y a motivarles a ser artífices de su propia historia. Los diáconos encargados del servicio de la caridad tienen una responsabilidad especial en este ámbito. El Sínodo les anima en su ministerio.

Proposición 12 Inspiración y verdad de la Biblia

El Sínodo propone que la Congregación para la Doctrina de la Fe aclare los conceptos de inspiración y de verdad de la Biblia, así como su recíproca relación, de modo que se comprenda mejor la enseñanza de la Dei Verbum.

En concreto, hay que poner de relieve la originalidad de la hermenéutica bíblica católica en este campo.

Proposición 13 Palabra de Dios y Ley natural

Los Padres sinodales son bien conscientes de los grandes desafíos del actual momento histórico. Uno de ellos tiene que ver con el enorme desarrollo que ha efectuado la ciencia respecto al conocimiento de la naturaleza.

Paradójicamente, cuanto más aumenta este conocimiento menos se logra ver el mensaje ético que proviene de la misma. En la historia del pensamiento, ya los antiguos filósofos solían llamar a este principio 'lex naturalis' o ley moral natural. Como ha recordado el papa Benedicto XVI, esta expresión parece que se ha hecho hoy incomprensible “a causa de un concepto de naturaleza no ya metafísico, sino solamente empírico. El hecho de que la naturaleza, el ser mismo no sea ya permeable a un mensaje moral, crea un sentido de desorientación que hace precarias e inciertas las decisiones de la vida cotidiana” (12 de febrero de 2007).

A la luz de la enseñanza de la Sagrada Escritura, como lo recuerda sobre todo el apóstol Pablo en la Carta a los Romanos (cf. Rm 2, 14-15), es bueno subrayar que esta ley está escrita en lo profundo del corazón de cada persona y cada uno puede acceder a ella. Su principio basilar es que se debe “hacer el bien y evitar el mal”; una verdad que se impone con evidencia a todos y de la que derivan otros principios que regulan el juicio ético sobre los derechos y deberes de cada uno. Es bueno recordar que también nutriéndose de la Palabra de Dios aumenta el conocimiento de la ley natural y permite el progreso de la conciencia moral. El Sínodo, por tanto, recomienda a todos los pastores que tengan una solicitud especial en que los ministros de la Palabra sean sensibles al redescubrimiento de la ley natural y a su función en la formación de las conciencias.

Segunda parte La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia

Proposición 14 Palabra de Dios y Liturgia

La asamblea, convocada y reunida por el Espíritu para escuchar la proclamación de la Palabra de Dios, resulta transformada por la misma acción del Espíritu que se manfiesta en la celebración.

En efecto, donde está la Iglesia allí está el Espíritu del Señor; y donde está el Espíritu del Señor, allí está también la Iglesia (cf. San Ireneo, 'Adversus Haereses', III, 24, 1).

Los padres sinodales reafirman que la liturgia es el lugar privilegiado en el que la Palabra de Dios se expresa plenamente, tanto en la celebración de los sacramentos como sobre todo en la Eucaristía, en la Liturgia de las Horas y en el Año Litúrgico. El misterio de la salvación narrado en la Sagrada Escritura encuentra en la liturgia el propio lugar de anuncio, de escucha y de actuación.

Por este motivo, se exige por ejemplo que:

- El libro de la Sagrada Escritura, incluso fuera de la acción litúrgica, tenga un lugar visible y de honor en la iglesia.

-Debería animarse al uso del silencio tras la primera y segunda lectura, y, acabada la homilía, como sugiere la Ordenación General del Misal Romano (cf. n. 56).

-Se pueden prever también celebraciones de la Palabra de Dios, centradas en las lecturas dominicales.

-Que se proclamen las lecturas de la Sagrada Escritura desde libros litúrgicos dignos, o sea los Leccionarios y el Evangeliario, que serán tratados con el más profundo respeto por la Palabra de Dios que contienen.

-Que se ponga en valor el Evangeliario con una procesión anterior a la proclamación, sobre todo en las solemnidades.

-Que se evidencie el papel de los servidores de la proclamación: lectores y cantores.

-Que se formen adecuadamente los lectores y lectoras, de modo que puedan proclamar la Palabra de Dios de manera clara y comprensible. Que estos sean invitados a estudiar y testimoniar con la vida los contenidos de la Palabra que leen.

-Que se proclame la Palabra de Dios de modo claro, con dominio de la dinámica de la comunicación.

-Que no se olviden, en especial en la Liturgia eucarística, las personas para las cuales es difícil la recepción de la Palabra de Dios, comunicada en los modos usuales como las personas con discapacidad visiva o auditiva.

-Que se haga un uso competente y eficaz de los instrumentos acústicos.

Además, los padres sinodales sienten el deber de recordar la grave responsabilidad que tienen quienes presiden la santa Eucaristía para que no se sustituyan nunca los textos de la Sagrada Escritura por otros textos. Ningún texto de espiritualidad o de literatura puede alcanzar el valor y la riqueza contenida en la sagrada Escritura, que es Palabra de Dios.

Proposición 15 Actualización homilética y “Directorio sobre la homilía”

La homilía hace que la Palabra proclamada se actualice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis escuchado con vuestros oídos” (Lc 4,21). Ella conduce al misterio que se celebra, invita a la misión y comparte las alegrías y los dolores, las esperanzas y los temores de los fieles, disponiendo así a la asamblea tanto a la profesión de fe (Credo), como a la oración universal de la misa.

Debería haber una homilía en todas las misas “cum populo”, incluso durante la semana. Es preciso que los predicadores (obispos, sacerdotes, diáconos) se preparen en la oración, para que prediquen con convicción y pasión. Deben hacerse tres preguntas:

-¿Qué dicen las lecturas proclamadas?

-¿Qué me dicen a mí?

- ¿Qué debo decir a la comunidad, teniendo en cuenta su situación concreta?

El predicador debe sobre todo dejarse interpelar el primero por la Palabra de Dios que anuncia. La homilía debe ser alimentada por la doctrina y transmitir la enseñanza de la Iglesia para fortificar la fe, llamar a la conversión en el marco de la celebración y preparar a la actuación del misterio pascual eucarístico.

Para ayudar al predicador, en el ministerio de la Palabra, y en continuidad con la enseñanza de la Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis (n. 46), los padres sinodales desean que se elabore un “Directorio sobre la homilía”, que debería exponer, junto a los principios de la homilética y del arte de la comunicación, el contenido de los temas bíblicos que aparecen en los leccionarios que se usan en la liturgia.

Proposición 16 Leccionario

Se recomienda que se inicie un examen del Leccionario Romano para ver si la actual selección y ordenamiento de las lecturas son verdaderamente adecuados a la misión de la Iglesia en este momento histórico. En concreto, la relación de la lectura del Antiguo Testamento con la perícopa evangélica debería ser considerada de nuevo, de modo que no implique una lectura demasiado restrictiva del Antiguo Testamento o una exclusión de pasajes importantes. La revisión de un Leccionario podría hacerse en diálogo con las contrapartes ecuménicas que usan este Leccionario común. Se desea que se tome autorizadamente en examen el problema del Leccionario en las liturgias de las Iglesias católicas orientales.

Proposición 17 Ministerio de la Palabra y mujeres

Los padres sinodales reconocen y animan el servicio de los laicos en la transmisión de la fe. Las mujeres, en especial, tienen en este punto un papel indispensable sobre todo en la familia y en la catequesis. De hecho, ellas saben suscitar la escucha de la Palabra, la relación personal con Dios y comunicar el sentido del perdón y del compartir evangélico. Se desea que el ministerio del lectorado sea abra también a las mujeres, de modo que en la comunidad cristiana se reconozca su papel de anunciadoras de la Palabra.

Proposición 18 Celebraciones de la Palabra de Dios

Según las diversas formas recibidas de la tradición litúrgica, se recomienda la celebración de la Palabra de Dios (cf. SC 35). Muchas comunidades eclesiales, que no tienen la posibilidad de la celebración eucarística dominical, encuentran en la celebración de la Palabra el alimento para la propia fe y para el testimonio cristiano.

La celebración de la Palabra es uno de los lugares privilegiados del encuentro con el Señor, porque en esta proclamación, Cristo se hace presente y sigue hablando a su pueblo (cf. SC 7). Aún en medio del ruido actual, que hace muy difícil una escucha efectiva, se anima a los fieles a cultivar una disposición de silencio interior y escucha de la Palabra de Dios que transforme la vida.

Los padres sinodales recomiendan que se formulen directorios rituales, apoyándose en la experiencia de las Iglesias en las que catequistas formados conducen habitualmente las asambleas dominicales en torno a la Palabra de Dios. Su fin será evitar que tales celebraciones se confundan con la liturgia eucarística.

La acogida de la Palabra, la oración de alabanza, la acción de gracias y la petición, que componen la celebración de la Palabra de Dios, son manifestaciones del Espíritu en el corazón de los fieles y en la asamblea cristiana, reunida en torno a la Palabra de Dios. El Espíritu Santo, en efecto, hace que la Palabra de Dios proclamada y celebrada fructifique en el corazón y en la vida de quien la recibe.

Consideramos además que también las peregrinaciones, las fiestas, las diversas formas de piedad popular, las misiones, los retiros espirituales y días especiales de penitencia, reparación y perdón son una oportunidad concreta, ofrecida a los fieles para celebrar la Palabra de Dios e incrementar su conocimiento.

Proposición 19 Liturgia de las Horas

La Liturgia de las Horas es una forma privilegiada de escucha de la Palabra de Dios porque pone en contacto a los fieles con la Sagrada Escritura y con la Tradición viva de la Iglesia. Por tanto, el Sínodo se augura que los fieles participen en la Liturgia de las Horas, sobre todo en Laudes y Vísperas. Por esto, allí donde aún no existe, sería útil preparar una forma sencilla de la Liturgia de las Horas.

Obispos, sacerdotes, diáconos, religisos y cuantos están ya delegados a ello por la Iglesia recuerden su sagrado deber de orar la Liturgia de las Horas. Esta se recomienda también vivamente a los fieles laicos, de modo que tal Liturgia se convierta, en sentido todavía más verdadero, en la oración de la entera Iglesia.

Proposición 20 Palabra de Dios, matrimonio y familia

La Palabra de Dios está en el origen del matrimonio (cf. Gen 2, 24). Jesús mismo inscribió el matrimonio entre las instituciones de su Reino (cf. Mt 19, 4-8), dándole un estatuto sacramental. En la celebración sacramental, el hombre y la mujer pronuncian una palabra profética de recíproca entrega, el ser "una carne", signo del misterio de la unión de Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Mediante la fidelidad y la unidad de la vida de familia, los esposos son ante sus hijos los primeros anunciadores de la Palabra de Dios. Hay que apoyarles y ayudarles a desarrollar la oración en familia, la celebración doméstica de la Palabra, la lectura de la Biblia u otras formas de oración.

Los esposos recordarán que la Palabra de Dios es un valioso apoyo también en las dificultades de la vida conyugal y familiar.

Proposición 21 Palabra de Dios y pequeñas comunidades

El Sínodo recomienda la formación de pequeñas comunidades eclesiales donde se escuche, estudie y ore la Palabra de Dios, también en la forma del Rosario como meditación bíblica (cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica 'Rosarium Virginis Mariae'). En muchos países hay ya pequeñas comunidades que pueden ser formadas por familias, radicadas en las parroquias o ligadas a los diversos movimientos eclesiales y nuevas comunidades.

Estas se reúnen regularmente, en torno a la Palabra de Dios, para compartirla entre ellos, y de ella reciben la fuerza.

Algunas tienen sólo raramente la posibilidad de celebrar la Eucaristía. Hacen la experiencia de la comunidad y se encuentran con la Palabra de Dios personalmente. Mediante la lectura de la Biblia experimentan ser amados personalmente por Dios. El servicio de los laicos, que guían a estas comunidades, debe ser estimado y promovido porque hacen un servicio misionero al que están llamados todos los bautizados.

Proposición 22 Palabra de Dios y lectura orante

El Sínodo propone que se exhorte a todos los fieles, incluidos los jóvenes, a acercarse a las Escrituras por medio de una "lectura orante" y asidua (cf. DV 25), en modo tal que el diálogo con Dios llegue a ser una realidad cotidiana del pueblo de Dios.

Por esto es importante:

-que se relacione profundamente la lectura orante con el ejemplo de María y los santos en la historia de la Iglesia, como realizadores de la lectura de la Palabra según el Espíritu;

-que se recurra a los maestros en la materia;

-que se asegure que los pastores, sacerdotes y diáconos, y de modo muy peculiar los futuros sacerdotes, tengan una formación adecuada para que puedan a su vez formar al pueblo de Dios en esta dinámica espiritual

-que los fieles se inicien según las circunstancias, las categorías y las culturas en el método más apropiado de lectura orante, personal y/o comunitaria (Lectio divina, ejercicios espirituales en la vida cotidiana, 'Seven Steps' en África y en otros lugares, diversos métodos de oración, compartir en familia y en las comunidades eclesiales de base, etc.);

-que se anime la praxis de la lectura orante, hecha con los textos litúrgicos, que la Iglesia propone para la celebración eucarística dominical y diaria, para comprender mejor la relación entre Palabra y Eucaristía;

-que se vigile a fin que la lectura orante sobre todo comunitaria de las Escrituras tenga su desembocadura en un compromiso de caridad (cf. Lc 4, 18-19).

Conscientes de la amplia difusión actual de la Lectio Divina y de otros métodos análogos, los padres sinodales ven en ellos un verdadero signo de esperanza y animan a todos los responsables eclesiales a multiplicar los esfuerzos en este sentido.

Proposición 23 Catequesis y Sagrada Escritura

La catequesis debe tener sus raíces preferentemente en la revelación cristiana. Debe tomar como modelo la pedagogía de Jesús en el camino de Emaús.

En la vía de Emaús, Jesús abre el corazón de los discípulos al entendimiento de las escrituras (cf. Lc 24, 27). Su proceder muestra que la catequesis que ahonda sus raíces en la Revelación cristiana supone la explicación de las Escrituras. Lo cual nos invita también a acercanos a los hombres de hoy para transmitirles el evangelio de la salvación:

-con especial atención a los niños más pequeños;

-a aquellos que necesitan una formación más profunda arraigada en las Escrituras;

-a los catecúmenos que es necesario acompañar en su camino, mostrándoles el plan de Dios a través de la lectura de la Sagrada Escritura, preparándoles a encontrar al Señor en los sacramentos de la iniciación cristiana, a empeñarse en la comunidad, y a ser misioneros.

El catecumenado prebautismal va seguido de una mistagogía postbautismal, una formación continuada en la cual la Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica deben ocupar el puesto central.

Proposición 24 Palabra de Dios y vida consagrada

La vida consagrada nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida. En la escuela de la Palabra, resdecubre continuamente su identidad y se convierte en "evangelica testificatio" para la Iglesia y para el mundo.

Llamada a ser "exégesis" viviente de la Palabra de Dios (cf. Benedicto XVI, 2 de febrero de 2008), es ella misma una palabra con la cual Dios sigue hablando a la Iglesia y al mundo.

El Sínodo agradece a las personas consagradas su testimonio del Evangelio y su disponibilidad a proclamarlo en las fronteras geográficas y culturales de la misión mediante sus servicios carismáticos.

Les exhorta al mismo tiempo a cuidar los espacios personales y comunitarios de escucha de la Palabra de Dios y a promover escuelas de oración bíblica abiertas a los laicos, sobre todo a los jóvenes.

Sepan escuchar la Palabra de Dios con corazón de pobres y expresen su respuesta en el compromiso por la justicia, la paz y la integridad de la creación.

El Sínodo evidencia la importancia de la vida contemplativa y su valiosa aportación a la tradición de la Lectio Divina. Las comunidades monásticas son escuelas de espiritualidad y dan fuerza a la vida de las Iglesias particulares. "El monasterio, como oasis espiritual, señala al mundo de hoy lo que es más importante, en definitiva la única cosa decisiva: existe una razón última por la que vale la pena vivir, es decir, Dios y su Amor inescrutable" (Benedicto XVI, Ángelus, 18 de noviembre de 2007).

En la vida contemplativa, la Palabra es acogida, orada y celebrada. Se debe vigilar, por tanto, para que estas comunidades reciban la formación bíblica y teológica adecuada a su vida y misión.

Proposición 25 Necesidad de dos niveles en la investigación exegética

Sigue siendo de gran actualidad y eficacia la hermenéutica bíblica propuesta en Dei Verbum 12, que, para un adecuado trabajo exegético, prevé dos niveles metodológicos, distintos y correlativos.

El primer nivel corresponde, de hecho, al llamado método histórico-crítico que, en la investigación moderna y contemporánea, a menudo fué utilizado con fruto y que entró en el campo católico, sobre todo a partir de la encíclica Divino Afflante Spiritu del siervo de Dios Pío XII. Este método se hace necesario por la naturaleza misma de la historia de la salvación, que no es una mitología, sino una verdadera historia con su ápice en la encarnación del Verbo, divino y eterno, que viene a habitar el tiempo de los hombres (cf. Juan 1, 14). La Biblia y la historia de la salvación exigen por tanto estudiarse también con los métodos de la seria investigación histórica.

El segundo nivel metodológico, necesario para una interpretación justa de las Sagradas Escrituras, corresponde a la naturaleza también divina de las palabras humanas bíblicas. El Concilio Ecuménico Vaticano II justamente recuerda que la Biblia debe ser interpretada con el auxilio del mismo Espíritu Santo que guió su redacción.

La hermenéutica bíblica no puede considerarse cumplida si -junto al estudio histórico de los textos- no busca también de manera adecuada su dimensión teológica. La Dei Verbum identifica y presenta las tres referencias decisivas para llegar a la dimensión divina y, por tanto, al sentido teológico de las Sagradas Escrituras. Se trata del contenido y de la unidad de toda la Escritura, de la tradición viva de toda la Iglesia y, finalmente, de la atención a la analogía de la fe. "Sólo donde se observan los dos niveles metodológicos, el histórico-crítico y el teológico, se puede hablar de una exégesis teológica, una exégesis adecuada a este libro" (Benedicto XVI, 14 de octubre de 2008).

Proposición 26 Ampliar la perspectiva del estudio exegético actual

El fruto positivo aportado por el uso de la investigación histórico-crítica moderna es innegable; al mismo tiempo, sin embargo, es necesario mirar al estado de los estudios exegéticos actuales con una mirada atenta también a las dificultades. Mientras, la actual exégesis académica, también la católica, trabaja a un altísimo nivel por lo que se refiere a la metodología histórico-crítica, incluso con sus felices y más recientes integraciones (cf. Comisión Pontificia Bíblica, "La interpretación de la Biblia en la Iglesia"), no se podría decir lo mismo sobre el estudio de la dimensión teológica de los textos bíblicos. Lamentablemente el nivel teológico indicado por los tres elementos de la Dei Verbum 12 muy a menudo se ve casi ausente.

La primera consecuencia de tal ausencia es que la Biblia se convierte para los lectores actuales en un mero libro del pasado, incapaz ya de hablar a nuestro presente. En estas condiciones, la exégesis bíblica corre el riesgo de convertirse en pura historiografía e historia de la literatura.

La segunda consecuencia, quizá todavía más grave, es la desaparición de la hermenéutica de la fe señalada en la Dei Verbum. En lugar de la hermenéutica creyente se insinua entonces, de hecho, una hermenéutica positivista y secularista que niega la posibilidad de la presencia y el acceso de lo divino a la historia del hombre.

Los padres sinodales, mientras dan las gracias sinceramente a los muchos exegetas y teólogos, que han prestado y prestan una ayuda esencial en el descubrimiento profundo de las Escrituras, piden a todos un crecido empeño para que se alcance con más fuerza y claridad el nivel teológico de la interpretación bíblica. Para llegar verdaderamente a aquél crecido amor por las Escrituras, augurado por el Concilio, se tratará de aplicar con mayor cuidado los principios que la misma Dei Verbum señaló con exhaustividad y claridad.

Proposición 27 Superar el dualismo entre exégesis y teología

Para la vida y la misión de la Iglesia y para el futuro de la fe dentro de las culturas contemporáneas, es necesario superar el dualismo entre exégesis y teología. Lamentablemente, no pocas veces una improductiva separación entre exégesis y teología se produce incluso a los niveles académicos más elevados.

Una consecuencia preocupante es la incerteza y la poca solidez en el camino formativo intelectual también de algunos futuros candidatos a los ministerios eclesiales. La teología bíblica y la teología sistemática son dos dimensiones de aquella realidad única que llamamos teología.

Los padres sinodales, por tanto, dirigen con estima un llamamiento, tanto a los teólogos como a los exegetas, a que, con una colaboración más clara y en sintonía, no le hagan faltar la fuerza de las Escrituras a la teología contemporánea, y no reduzcan el estudio de las Escrituras a la dimensión historiográfica de los textos inspirados.

"Cuando la exégesis no es teología, la Escritura no puede ser el alma de la teología y, viceversa, cuando la teología no es esencialmente interpretación de la Escritura en la Iglesia, esta teología pierde su fundamento". (Benedicto XVI, 14 de octubre de 2008).

Proposición 28 Diálogo entre exegetas, teólogos y pastores

Se pide a las Conferencias Episcopales favorecer con regularidad encuentros entre pastores, teólogos y exegetas para promover una mayor comunión en el servicio a la Palabra de Dios.

Nos auguramos que los exegetas y teólogos puedan compartir cada vez mejor los frutos de su ciencia para el incremento de la fe y la edificación del Pueblo de Dios, teniendo siempre presentes las dimensiones características de la interpretación católica de la Biblia (cf. Comisión Pontificia Bíblica, "La interpretación de la Biblia en la Iglesia", III).

Proposición 29 Dificultad de la lectura del Antiguo Testamento

A veces surgen dificultades en la lectura del Antiguo Testamento a causa de textos que contienen elementos de violencia, injusticia, inmoralidad y escasa ejemplaridad, incluso en figuras bíblicas importantes.

Se requiere por ello una preparación adecuada de los fieles para la lectura de estas páginas y una formación que lea los textos en su contexto histórico y literario, de modo que se favorezca una lectura cristiana. Esta tiene como clave hermenéutica central el Evangelio y el mandamiento nuevo de Jesucristo cumplido en el misterio pascual. Por tanto, se recomienda no descuidar la lectura del Antiguo Testamento que, a pesar de algunas dificultades, es esencial para la comprensión plena de la historia de la salvación (cf. DV 15).

Proposición 30 Pastoral bíblica

La Dei Verbum exhorta a hacer de la Palabra de Dios no sólo el alma de la teología sino también el alma de toda la pastoral, de la vida y de la misión de la Iglesia (cf. DV 24). Los obispos deben ser los primeros promotores de esta dinámica en sus diócesis. Para ser anunciador y anunciador creíble, el obispo debe nutrirse, él el primero, de la Palabra de Dios, de manera que pueda sostener y hacer cada vez más fecundo su propio ministerio episcopal. El Sínodo recomienda incrementar la "pastoral bíblica" no en yuxtaposición a otras formas de pastoral sino como animación bíblica de toda la pastoral.

Bajo la guía de los pastores, todos los bautizados participan en la misión de la Iglesia. Los padres sinodales desean expresar la más viva estima y gratitud así como animan al servicio a la evangelización que tantos laicos, y en especial las mujeres, ofrecen con generosidad y empeño en las comunidades esparcidas por el mundo, a ejemplo de María de Magdala, primera testigo de la alegría pascual.


Proposición 31 Palabra de Dios y presbíteros

La Palabra de Dios es indispensable para formar el corazón de un buen pastor, ministro de la Palabra. A tal propósito, la Pastores dabo vobis recuerda: "El sacerdote debe ser el primer "creyente" de la Palabra, con la plena conciencia de que las palabras de su ministerio no son 'suyas', sino de Aquél que le ha enviado. De esta Palabra no es amo, es siervo. De esta Palabra no es único poseeedor: es deudor respecto al Pueblo de Dios" (Juan Pablo II, exhortación apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis, 26). Los sacerdotes y, en especial los párrocos, están llamados a nutrirse cada día de las Sagradas Escrituras y a comunicarlas con sabiduría y generosidad a los fieles confiados a sus cuidados.

Proposición 32 Formación de los candidatos al orden sagrado

Los candidatos al sacerdocio deben aprender a amar la Palabra de Dios. Sea por tanto la Escritura el alma de su formación teológica, subrayando la indispensable circularidad entre exégesis, teología, espiritualidad y misión. La formación de los sacerdotes debe por tanto incluir múltiples aproximaciones a la Escritura:

--La lectura orante, en especial la Lectio Divina, tanto personal como comunitaria, en el marco de una primera lectura de la Biblia. Hará falta proseguirla durante todo el itinerario de la formación, teniendo en cuenta lo que la Iglesia dispone en cuanto a procurar retiros y ejercicios espirituales en la educación de los seminaristas.

--Nutrirse con asiduidad de la Palabra de Dios, también a través de la riqueza del Oficio Divino.

--El descubrimiento de la exégesis en sus diversos métodos. Es necesario un estudio preciso y amplio de las reglas hermenéuticas para superar los riesgos de una interpretación arbitraria. Los métodos de la exégesis deben ser comprendidos de manera apropiada, con sus posibilidades y sus límites, permitiendo un entendimiento recto y fructífero de la Palabra de Dios.

--El conocimiento de la historia de lo que ha producido la lectura de las Escrituras en los Padres de la Iglesia, en los Santos, en los Doctores y en los Maestros de la espiritualidad hasta nosotros.

--La intensificación, durante los años del seminario, de la formación para la predicación, y la vigilancia sobre la formación permanente durante el ejercicio del ministerio, de modo que la homilía pueda interpelar a quienes escuchan (cf. Hechos 2, 37).

-Paralelamente a la formación en el seminario, se invitará a los futuros sacerdotes a participar en encuentros con grupos o asociaciones de laicos, reunidos en torno a la Palabra de Dios. Estos encuentros, mantenidos a lo largo de un lapso suficientemente largo, favorecerán en los futuros ministros la experiencia y el gusto de la escucha de lo que el Espíritu Santo suscita en los creyentes reunidos como Iglesia, ya sean pequeños o grandes. No hay que descuidar un estudio serio de la filosofía que llevará a evaluar con claridad los presupuestos y las implicaciones contenidas en las diversas hermenéuticas aplicadas al estudio de la Biblia (cf. Optatam totius, 15).

A este fin, se espera que en las facultades filosóficas se desarrolle y enseñe un pensamiento filosófico y cultural (arte y música) abierto a la trascendencia, de modo que los discípulos puedan escuchar y comprender mejor la Palabra de Dios, la única que puede colmar los deseos del corazón humano (cf. Fides et Ratio, 83).

Se espera una renovación de los programas académicos (cf. Juan Pablo II, constitución apostólica Sapientia Christiana) para que se manifieste mejor el estudio sistemático de la teología a la luz de la Sagrada Escritura.

Además, una revisión de los cursos en los seminarios y en las casas de formación deberá estar atenta a que la Palabra de Dios tenga el debido lugar en las diversas dimensiones de la formación.

Proposición 33 Formación bíblica de los cristianos

El amor a la Biblia es una gracia del Espíritu Santo que permea toda la vida del creyente. Hay por tanto que formar a los cristianos en el aprecio a este don de Dios: "Si conocieras el don de Dios..." (Juan 4, 10), dice el Señor.

Se espera por tanto que en cada región cultural se establezcan centros de formación para los laicos y para los misioneros de la Palabra, donde se aprenda a comprender, vivir y anunciar la Palabra de Dios. Además, según las diversas necesidades, se creen institutos especializados en estudios bíblicos para exegetas que tengan una sólida comprensión teológica y sensibilidad hacia los contextos de su misión Esto puede ser también realizado volviendo a examinar o reforzando las estructuras ya existentes, como los seminarios o las facultades.

Por último, es necesario ofrecer una adecuada formación en lenguas bíblicas a las personas que sean traductoras de la Biblia a las diversas lenguas modernas.

Proposición 34 Animación bíblica y jóvenes

Como Jesús invitó a un joven a seguirle, así la invitación debe ser propuesta de nuevo hoy a niños, muchachos, adolescentes y jóvenes para que puedan encontrar la respuesta a su búsqueda en la palabra del Señor. En la animación bíblica de la pastoral juvenil, se tendrá en cuenta la invitación de Benedicto XVI: "Queridos jóvenes, os exhorto a adquirir familiaridad con la Biblia, a tenerla a mano para que sea para vosotros como una brújula que indica el camino a seguir (Mensaje a la XXI Jornada Mundial de la Juventud, 9 abril 2006). Se espera que se presente la Escritura en sus implicaciones vocacionales de modo que ayude y oriente a muchos jóvenes en su decisión vocacional, incluso hasta la consagración total. Que la comunidad cristiana acoja, escuche y acompañe a las jóvenes generaciones con amor, de modo que sean iniciadas en el conocimiento de las Escrituras por educadores, verdaderos testigos apasionados de la Palabra de Dios. De este modo, también los jóvenes sean guiados a amar y a comunicar el Evangelio, sobre todo a sus coetáneos.

Proposición 35 Biblia y pastoral de la salud

Jesús, durante su vida cuidó y sanó a los enfermos y mostró en este servicio suyo un signo de la presencia del Reino de Dios (cf. Lc 7, 22). Las Escrituras siguen todavía hoy ofreciendo, a los enfermos y a todos aquellos que sufren, una palabra de consuelo y de ánimo, e incluso de curación espiritual y física. La oración de los Salmos alcanza en profundidad y da a cada uno las palabras mismas de Dios para expresar el propio sufrimiento, y también la propia esperanza. Los padres sinodales exhortan por tanto a cuantos se acercan a las personas afligidas por toda clase de mal a llevarles, humildemente pero con audacia, la Palabra vivificante del Señor Jesús tanto en la Escritura como en la Eucaristía. También hoy es indispensable que la Palabra de Dios inspire a toda la pastoral de la salud, llevando a los enfermos a descubrir a través de la fe, que su sufrimiento les hace capaces de participacipar en el sufrimiento redentor de Cristo (cf. 2 Cor 4, 8-11. 14).

Proposición 36 Sagrada Escritura y unidad de los cristianos

La Biblia es verdaderamente un lugar privilegiado de encuentro entre las diversas Iglesias y comunidades eclesiales. Escuchar juntos las Escrituras nos hace vivir una comunión real aunque no plena (cf. Relatio post disceptationem 36).

"Escuchar juntos la Palabra de Dios, practicar la Lectio Divina de la Biblia (...) es un camino a recorrer para alcanzar la unidad de la fe, como respuesta a la escucha de la Palabra" (Discurso de Benedicto XVI, 25 enero 2007). La escucha común de las Escrituras impulsa por tanto al diálogo de la caridad y hace crecer el de la verdad. Un problema ecuménico abierto es la comprensión del sujeto autorizado de la interpretación en la Iglesia (especialmente el Magisterio) y por ello se deben intensificar el estudio y la investigación bíblica común. Igualmente hay que intensificar el común empeño en las traducciones y la difusión de la Biblia, así como las celebraciones interconfesionales de la escucha de la Palabra de Dios.

Proposición 37 Presencia de Su Santidad Bartolomé I

Los padres sinodales dan gracias a Dios por la presencia y las intervenciones de los delegados fraternos, representantes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales y, de modo especial, por la oración de las Vísperas presidida por el Santo Padre Benedicto XVI, junto a Su Santidad Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla. Las palabras del patriarca ecuménico dirigidas a los padres sinodales han permitido experimentar una profunda alegría espiritual y tener una experiencia viva de comunión real y profunda, aunque no todavía perfecta; en ellas hemos gustado la belleza de la Palabra de Dios, leída a la luz de la Sagrada Liturgia y de los Padres, una lectura espiritual fuertemente contextualizada en nuestro tiempo.

De tal modo, hemos visto que, yendo al meollo de la Sagrada Escritura, encontramos realmente la Palabra en las palabras, la cual abre los ojos de los fieles para responder a los desafíos del mundo actual. Además, hemos compartido la experiencia gozosa de tener en Oriente y en Occidente Padres comunes. Que este encuentro se convierta en estímulo para un ulterior testimonio de comunión en la escucha de la Palabra de Dios y suplica ferviente al único Señor para que se haga realidad cuanto antes la oración de Jesús "Ut omnes unum sint" (Juan 17, 20).

Tercera Parte

La Palabra de Dios en la misión de la Iglesia

Proposición 38 Tarea misionera de todos los bautizados

La misión de anunciar la Palabra de Dios es tarea de todos los discípulos de Jesucristo como consecuencia de su bautismo. Esta consciencia debe ser profundizada en cada parroquia, comunidad y organización católica; se deben proponer iniciativas que hagan llegar la Palabra de Dios a todos, especialmente a los hermanos bautizados pero no suficientemente evangelizados. Dado que la Palabra de Dios se ha hecho carne para comunicarse a los hombres, un modo privilegiado para conocerla es a través del encuentro con testigos que la hacen presente y viva. En la misión, aportan una colaboración especial los institutos misioneros en fuerza del propio carisma y experiencia. Además, la realidad de los nuevos movimientos eclesiales es una extraordinaria riqueza de la fuerza evangelizadora de la Iglesia en este tiempo, tanto como para impulsar a la Iglesia a desarrollar nuevas formas de anuncio del Evangelio. Los laicos están llamados a redescubrir la responsabilidad de ejecutar su tarea profética, que deriva para ellos directamente del bautismo, y testimoniar el Evangelio en la vida cotidiana: en casa, en el trabajo y donde quiera que se encuentren. Este testimonio lleva a menudo a la persecución de los fieles a causa del Evangelio. El Sínodo llama a los responsables de la vida pública a que garanticen la libertad religiosa. Es necesario, además, abrir itinerarios de iniciación cristiana en los que, a través de la escucha de la Palabra, la celebración de la Eucaristía y el amor fraterno vivido en comunidad, éstos puedan practicar una fe cada vez más adulta. Hay que considerar la nueva pregunta que nace de la movilidad y del fenómeno migratorio, que abre nuevas perspectivas de evangelización, porque los inmigrantes no sólo necesitan ser evangelizados sino que pueden ser ellos mismo agentes de evangelización.

Proposición 39 Palabra de Dios y compromiso en el mundo

La Palabra de Dios, contenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición viva de la de la Iglesia, ayuda a la mente y al corazón de los hombres a comprender y amar todas las realidades humanas y la creación. Ayuda en efecto a reconocer los signos de Dios en todas las fatigas del hombre dirigidas a hacer el mundo más justo y habitable; ayuda a la identificación de los "signos de los tiempos" presentes en la historia; impulsa a los creyentes a comprometerse en favor de quienes sufren y son víctimas de injusticias. La lucha por la justicia y la transformación es parte integrante de la evangelización (cf. Evangelii Nuntiandi, 19).

Los padres sinodales dirigen un pensamiento especial a quienes, como creyentes, están empeñados en la vida política y social. Desean que la Palabra de Dios sostenga sus formas de testimonio así como inspirar su acción en el mundo, en búsqueda del verdadero bien de todos, y en el respeto de la dignidad de toda persona. Es necesario por tanto que estén preparados mediante una adecuada educación según los pricipios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Proposición 40 Palabra de Dios y arte litúrgico

La gran tradición de Oriente y de Occidente ha estimado siempre todas las expresiones artísticas, de modo específico las imágenes sagradas, inspiradas en la Sagrada Escritura.

Apreciamos a todos los artistas enamorados de la belleza: poetas, hombres de letras, pintores, escultores, músicos, gente de teatro y de cine. Han contribuido a la decoración de nuestras iglesias, a la celebración de nuestra fe, al enriquecimiento de nuestra liturgia y, al mismo tiempo, muchos de ellos han ayudado a hacer perceptible el mundo invisible y a traducir el mensaje divino en el lenguaje de las formas y de las figuras. Por todo esto, el Sínodo les manifiesta profunda gratitud.

Hay que suscitar en cada área cultural una nueva época en la que el arte pueda reencontrar la inspiración bíblica y ser un instrumento capaz de proclamar, cantar, y hacer contemplar la manifestación de la Palabra de Dios.

Los obispos, debidamente ayudados, procuren, en la construcción de las iglesias, que éstas sean lugares adecuados para la proclamación de la Palabra, la meditación y la celebración eucarística. Los espacios sagrados, también fuera de la acción litúrgica, deben ser elocuentes, presentando el misterio cristiano relacionado con la Palabra de Dios.

Proposición 41 Palabra de Dios y cultura

La Palabra de Dios está destinada a toda la humanidad. Hay que reconocer que, a lo largo de los siglos, ha inspirado a las diversas culturas, generando valores morales fundamentales, expresiones artísticas excelentes y estilos de vida ejemplares. En la palabra de Dios, se encuentran diversas instancias que pueden ayudar tanto a la ciencia en su descubrimiento de cada vez nuevas conquistas, como a incrementar el diálogo con cuantos comparten nuestra misma fe. Los padres sinodales, por tanto, auguran un diálogo entre Biblia y cultura, sobre todo ante las diversas preguntas de sentido presentes en nuestro tiempo, de modo que encuentren en ella la respuesta definitiva a su búsqueda.

Conviene organizar grupos de lectura bíblica, también en los ambientes secularizados o entre los no creyentes, como una vía de abrir el mundo a Dios mediante la Palabra de la Biblia.

Proposición 42 Biblia y traducción

El Sínodo recomienda que, en culturas afines y en las regiones lingüísticas similares, se apruebe y use la misma traducción de la Biblia, tanto en el uso litúrgico como en el privado.

Muchas Iglesias esparcidas por el mundo están todavía privadas de biblias traducidas a sus lenguas locales. Por esto, considera importante, antes que nada, la formación de especialistas que se dediquen a las diversas traducciones de la Biblia

Proposición 43 Biblia y difusión

El Sínodo desea recordar cuánto es necesario que todos los fieles puedan acceder con facilidad a la lectura de los testos sagrados. Junto a esto, se pide una movilización general para que el texto sagrado se difunda los más posible y con todos los instrumentos a disposición que las modernas tecnologías ofrecen, sobre todo para las personas con habilidades diferentes, a quienes se dirige nuestra atención preferente.

Tal empeño exige una excepcional forma de colaboración entre las Iglesias para que cuantos disponen de más medios sean más solidarios para salir al encuentro de las necesidades de las Iglesias que están en más dificultad. Los padres sinodales recomiendan apoyar el empeño de la Federación Bíblica Católica para un acceso amplio a la Sagrada Escritura (cf. DV 22) y para que se incremente ulteriormente el número de traducciones de la Sagrada Escritura y su difusión capilar. Hágase esto en colaboración con la diversas Sociedades Bíblicas.

Proposición 44 Medios de comunicación social

El Sínodo subraya la importancia de los medios y de los lenguajes de la comunicación para la evangelización.

El anuncio de la Buena Noticia encuentra nueva amplitud en la comunicación actual, caracterizada por la interacción entre medios.

La Iglesia está llamada no sólo a difundir la Palabra de Dios a través de los medios, sino también y sobre todo a integrar el mensaje de la salvación en la nueva cultura que la comunicación crea y amplifica.

El nuevo contexto comunicativo nos consiente multiplicar los modos de proclamación y profundización de la sagrada Escritura. Ésta, con su riqueza, exige poder alcanzar a todas las comunidades, llegando a los lejanos incluso a través de estos nuevos instrumentos.

Se recomienda conocer bien los medios de comunicación, acompañar su veloz cambio e invertir más en la comunicación, a través de los diferentes instrumentos que se ofrecen, como la televisión, la radio, los periódicos, internet... Son, en todo caso, formas que pueden facilitar el ejercicio de la escucha obediente de la Palabra de Dios Es necesario preparar católicos, convencidos y competentes, en el campo de la comunicación social.

Proposición 45 Palabra de Dios y Congreso mundial

En estos tiempos, se multiplican las reuniones de carácter mundial; no se considera oportuno, por tanto, instituir un Congreso específico sobre la Palabra de Dios. Se invita a la conferencias episcopales a apoyar y a promover jornadas con el fin de difundir la Biblia.

Proposición 46: Lectura creyente de las Escrituras: historicidad y fundamentalismo

La lectura creyente de la Sagrada Escritura, practicada desde la antigüedad en la Tradición de la Iglesia, busca la verdad que salva, para la vida de cada fiel y para la Iglesia. Esta lectura reconoce el valor histórico de la tradición bíblica. Es justamente por este valor de testimonio histórico por lo que quiere redescubrir el significado vivo de las Sagradas Escrituras destinadas también a la vida del creyente de hoy.

Tal lectura de la Escritura se diferencia de las "interpretaciones fundamentalistas", que ignoran la mediación humana del texto inspirado y sus géneros literarios. El creyente, para usar con fruto la Lectio Divina debe ser educado en "no confundir inconscientemente los límites humanos del mensaje bíblico con la sustancia divina del mismo mensaje" (cf. Comisión Pontificia Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, I F).

Proposición 47: La Biblia y el fenómeno de las sectas

Experimentamos una profunda preocupación respecto al aumento y mutación del fenómeno de las sectas. Las sectas de diverso origen, de hecho, parecen ofrecer una experiencia de la cercanía de Dios a la vida de la persona y prometen una felicidad ilusoria a través de la Biblia, a menudo interpretada de modo fundamentalista. Proponemos:

-mediante una correcta hermenéutica vital de las páginas bíblicas, intensificar la actividad pastoral para proporcionar al alimento de la Palabra a los fieles que la buscan.

-aprender de la rica experiencia de los primeros siglos de la Iglesia que sin embargo conocieron fenómenos análogos; (cf. 1 Juan 2, 19; 4, 2-3).

-conocer mejor las características peculiares, las causas y los promotores de las sectas tal como se presentan hoy.

-ayudar a los fieles a distinguir bien la Palabra de Dios de las revelaciones privadas.

-impulsar grupos que compartan y mediten para contrarrestar la atracción de las sectas y del fundamentalismo.

Es necesario que los sacerdotes estén adecuadamente preparados para afrontar estas nuevas situaciones, haciéndoles capaces de proponer una animación bíblica de la pastoral, adaptada a los problemas que siente la gente de hoy.

Pedimos a la Santa Sede que estudie, en colaboración con las Conferencias Episcopales y las estructuras competentes de las Iglesias Orientales Católicas, el fenómeno de las sectas en su amplitud global y en sus repercusiones también locales.

Proposición 48: Biblia e inculturación

La revelación se constituyó tomando de las diversas culturas humanas los valores auténticos susceptibles de expresar la verdad que, para nuestra salvación, Dios comunicó a los hombres (cf. DV 11). La Palabra de Dios, en cuanto revelación ha introducido en las culturas el conocimiento de verdades que de otro modo hubieran permanecido desconocidas y creó progreso y desarrollo cultural. El mandato que el Señor da a la Iglesia de anunciar el Evangelio a todas las criaturas (cf. Mc 16, 15) implica el encuentro de la Palabra de Dios con todos los pueblos de la tierra y sus culturas. Esto supone el mismo proceso de inculturación de la Palabra de Dios acaecido en la Revelación.

Por tanto, la Palabra de Dios debe penetrar en cada ambiente de modo que la cultura produzca espresiones originales de vida, liturgia, pensamiento cristiano (cf. CT 53). Esto sucede cuando la Palabra de Dios, propuesta a una cultura, "fecunda como desde dentro las cualidades espirituales y las tradiciones de cada pueblo, las confirma, las perfecciona y las recapitula en Cristo" (GS 58), suscitando así nuevas expresiones de vida cristiana.

Para una auténtica inculturación del mensaje evangélico, se debe asegurar una formación de los misioneros con medios adecuados, para conocer en profundidad el ambiente vital y las condiciones socio-culturales, de modo que puedan insertarse en el ambiente, en la lengua y en las culturas locales. Corresponde en primer lugar a la Iglesia local llegar a una auténtica inculturación del mensaje evangélico, prestando atención naturalmente al riesgo del sincretismo. La calidad de la inculturación depende del grado de madurez de la comunidad evangelizadora.

Proposición 49: Misión ad gentes

La Palabra de Dios es un bien para todos los hombres, que la Iglesia no debe conservar sólo para sí, sino compartir con alegría y generosidad con todos los pueblos y las culturas, para que también ellos puedan encontrar en Jesucristo la vía, la verdad y la vida (cf. Juan 14, 6).

Mirando al ejemplo de san Pablo, de los apóstoles y de tantos misioneros que, a lo largo de la historia, llevaron el Evangelio a los pueblos, este Sínodo reafirma la urgencia de la misión "ad gentes" también en nuestro tiempo. Un anuncio que debe ser explícito, hecho no sólo dentro de nuestras iglesias, sino en todas partes, y debe ser acompañado por el testimonio coherente de vida, la cual hace evidente el contenido y lo refuerza.

Obispos, sacerdotes, diáconos, personas de vida consagrada y laicos deben estar cerca también de las personas que no participan en la liturgia y no frecuentan nuestras comunidades. La Iglesia deber ir hacia todos con la fuerza del Espíritu (cf. I Cor 2, 5) y seguir proféticamente defendiendo el derecho y la libertad de las personas a escuchar la Palabra de Dios, buscando los medios más eficaces para proclamarla, incluso con el riesgo de la persecución.

Proposición 50: Biblia y diálogo interreligioso

El diálogo con las religiones no cristianas es un momento significativo en la vida de la Iglesia y en el diálogo con los hombres. Los monoteísmos, las religiones tradicionales de África y de Australia, las antiguas tradiciones espirituales de Asia encierran valores de respeto y colaboración que pueden favorecer mucho la comprensión entre las personas y las sociedades. Las líneas orientadoras de este diálogo están en la declaración del Concilio Ecuménico Vaticano II Nostra Aetate. El Sínodo recuerda también la necesidad de que se asegure efectivamente a todos los creyentes la libertad de profesar la propia religión en privado y en público, así como la libertad de conciencia.

Proposición 51: Tierra Santa

Pablo VI llamó a la Tierra Santa el "Quinto Evangelio". El Sínodo recomienda las peregrinaciones y, a ser posible, el estudio de las Sagradas Escrituras en Tierra Santa y tras las huellas de San Pablo. Los peregrinos y los estudiantes podrán, por medio de esta experiencia, comprender mejor el ambiente físico y geográfico de las Escrituras y especialmente la relación entre los dos Testamentos. Las piedras por las que Jesús caminó podrían convertirse para ellos en piedras de memoria viva. Mientras tanto, los cristianos en Tierra Santa necesitan la comunión de todos los cristianos, especialmente en estos días de conflicto, de pobreza y de temor.

Proposición 52: Diálogo entre cristianos y judíos

El diálogo entre cristianos y judíos pertenece a la naturaleza de la Iglesia. Fiel a sus promesas, Dios no revoca la Antigua Alianza (cf. Rm 9 y 11). Jesús de Nazaret fué un judío y Tierra Santa es tierra madre de la Iglesia. Cristianos y judíos comparten las Escrituras del Pueblo judío, que los cristianos denominan Antiguo Testamento. En la descendencia de Abraham, judíos y cristianos pueden ser una fuente de bendición para la humanidad (cf. Gen 17, 4-5).

La comprensión judía de la Biblia puede ayudar al entendimiento y al estudio de las Escrituras por los cristianos.

La interpretación bíblica cristiana se funda en la unidad de los dos Testamentos en Jesús, Palabra hecha carne. En su Persona, se cumple el sentido pleno de las Escrituras con continuidad y discontinuidad respecto a los libros inspirados del pueblo judío.

Se sugiere a las conferencias episcopales que promuevan encuentros y diálogos entre judíos y cristianos.

Proposición 53: Diálogo entre cristianos y musulmanes

"La Iglesia mira también con estima a los musulmanes que adoran al único Dios" (NA 3). Estos se refieren a Abraham y rinden culto a Dios sobre todo con la oración, la limosna y el ayuno. El diálogo con ellos permite conocerse mejor y colaborar en la promoción de valores éticos y espirituales.

En este diálogo, el Sínodo insiste en la importancia del respeto a la vida, los derechos humanos y los derechos de la mujer, así como de la distinción entre orden sociopolítico y orden religioso en la promoción de la justicia y la paz en el mundo. Tema importante en este diálogo será también la reciprocidad y la libertad de conciencia y de religión.

Se sugiere a las conferencias episcopales de países donde resulte provechoso promover círculos de diálogo entre cristianos y musulmanes.

Proposición 54: Dimensiones cósmicas de la Palabra de Dios y custodia de la creación

La Palabra de Dios nos comunica la belleza de Dios a través de la belleza de la creación y también mediante las imágenes sagradas, como iconos del Verbo encarnado. Son modalidades con las que el misterio invisible de Dios se hace de alguna manera visible y perceptible a nuestros sentidos. Los Padres de la Iglesia, por lo demás, afirmaron siempre las dimensiones cósmicas de la Palabra de Dios que se hace carne; cada criatura lleva en cierto sentido una señal de la Palabra de Dios. En Jesucristo, muerto y resucitado, todas las cosas creadas encuentran definitiva recapitulación (cf. Ef 1, 10). Todas las cosas y las personas, por tanto, están llamadas a ser buenas y bellas en Cristo.

Lamentablemente, el hombre de nuestro tiempo ha perdido el hábito de contemplar la palabra de Dios en el mundo que habita y que ha sido regalado por Dios. Por esto, el redescubrimiento de la Palabra de Dios, en todas sus dimensiones, nos impulsa a denunciar todas las acciones del hombre contemporáneo que no respetan la naturaleza como creación.

Acoger la Palabra de Dios atestiguada en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia genera un nuevo modo de ver las cosas, promoviendo una ecología auténtica, que tiene su raíz más profunda en la obediencia de la fe que acoje la Palabra de Dios. Por tanto, deseamos que, en la acción pastoral de la Iglesia, se intensifique el compromiso en favor de la salvaguarda de la creación, desarrollando una renovada sensibilidad teológica sobre la bondad de todas las cosas creadas en Cristo, Palabra de Dios encarnada.

Conclusión

Proposición 55: Maria Mater Dei et Mater fidei

El Sínodo, que se propone sobre todo renovar la fe de la Iglesia en la Palabra de Dios, mira a María, la Virgen Madre del Verbo Encarnado, que con su sí a la Palabra de la Alianza y a su misión, cumple perfectamente la vocación divina de la humanidad. Los Padres sinodales sugieren difundir entre los fieles la oración del Ángelus, memoria cotidiana del Verbo Encarnado y del Rosario.

La Iglesia del Nuevo Testamento vive allí donde la Palabra encarnada es acogida, amada y servida en plena disponibilidad al Espíritu Santo. La fe de María se desarrolla luego en el amor con el que acompaña el crecimiento y la misión del Verbo Encarnado. Bajo la Cruz del Hijo, la fe y el amor se convierten en la esperanza con la que María acepta convertirse en la Madre del discípulo amado y de la humanidad redimida.

La atención devota y amorosa a la figura de María, como modelo y arquetipo de la fe de la Iglesia, es de importancia capital para realizar también hoy un cambio concreto de paradigma en la relación de la Iglesia con la Palabra, tanto en la postura de escucha orante como en la generosidad del empeño por la misión y el anuncio. Los Padres sinodales, unidos al Santo Padre en la oración para que el Sínodo "pueda llevar frutos de auténtica renovación a cada comunidad cristiana" (Benedicto XVI, Ángelus en Pompeya, 19 de octubre de 2008), invitan a pastores y fieles a dirigir la mirada a María y pedir al Espíritu Santo la gracia de una fe viva en la Palabra de Dios hecha carne.