miércoles, 11 de junio de 2008

Sentarnos a la misma mesa


El Evangelio del domingo pasado (Mt.9,9-13) nos presentó a Jesús sentado a la mesa con cobradores de impuestos y gente de mala reputación. El ejemplo de Jesús debe conmovernos y ayudarnos a descubrir cual es el camino para destrabar el conflicto entre el gobierno y el campo, y cualquier otro conflicto: sentarse a la misma mesa para dialogar, para caminar juntos, para lograr la reconciliación.


Jesús se anima a sentarse en la mesa


Comer con pecadores, recaudadores de impuestos, personas marginadas es una de las características principales de la vida y de la misión de Jesús. Los evangelios nos narran los detalles: Mt.9,9-13 / Lc.5,27-39 / Lc.19, 1-10.

Jesús también se sentó a la mesa de los fariseos, con quienes tenía duros enfrentamientos. En la casa de Simón, el fariseo (Lc, 7-36-50) Jesús le muestra el camino del perdón. En la casa de otro fariseo (Lc. 11,37-54) enseña el valor de compartir con los pobres por encima de los ritos religiosos.

En casa de otro fariseo Jesús sana a un hombre mostrando que la dignidad humana esta por encima de cualquier norma y costumbre. En esa misma reunión Jesús enseñó que en el Reino de Dios se sentaran a la mesa los más pobres, lo que más sufren, los más abandonados (Lc.14,1-24)

Por sentarse a la mesa con esta gente a Jesús lo tratan de borracho, glotón, amigo de pecadores (Lc.15,1-2 / Lc.7,34). A Jesús no le importa les que dirán, es una persona madura. Solo le interesa buscar la comunión, el dialogo, la verdad, la reconciliación, la justicia social… que se transformen en mejores personas, que entren en la lógica del Reino de Dios.


La Iglesia comunidad de pecadores que comparten la mesa con Jesús


Jesús quiso que su vida y su muerte se resumieran en una mesa compartida, por eso celebró la ultima cena con sus discípulos (Lc.22,14-38)

Participar cada domingo en la Misa es para los católicos el signo de identidad y de comunión con Jesús más importante que podemos vivir. Y la Misa es la reunión de los cristianos pecadores que comparten la mesa con Jesús. Cada domingo recordamos que somos pecadores recibidos por Jesús en su mesa para experimentar el amor de Dios y vivir como hermanos.

Sentados en la misma mesa de la Eucaristía tratamos de dialogar con Dios y entre nosotros, de vivir la reconciliación y la solidaridad.

Como cristianos no podemos rehusar el desafío de sentarnos a la misma mesa para resolver nuestros conflictos familiares, sociales, políticos, económicos y religiosos.


Sentarse a la mesa para dialogar y compartir.


En esta etapa de la historia urge que nos sentemos a la misma mesa los distintos sectores que conforman nuestra Nación. Todos debemos estar invitados y sentirnos responsables de participar.

Con nuestras diferencias, con nuestras virtudes y defectos, debemos vencer la peligrosa tentación de creer que alguno debe ser excluido de la mesa. Todos debemos encontrarnos sentados en la mesa del diálogo respetuoso y sincero, de la búsqueda de la justicia social y del compromiso por construir un proyecto de país donde nadie sufra la terrible marginación causada por la injusta distribución de la riqueza, o marginación causada por la soberbia que excluye a causa de las ideas políticas o religiosas.

Los argentinos necesitamos sentarnos a la misma mesa para proyectar nuestros sueños de patria grande. Nunca tan actual el consejo del Martín Fierro:

“Los hermamos sean unidos

esta es la ley primera

tengan unión verdadera

en cualquier tiempo que sea,

porque si los hermanos se pelean

los devoran los de ajuera”