viernes, 20 de junio de 2008

La propuesta económica de Jesús


Frente a un sistema que acumulaba tesoros sobre tesoros (Mt 6,19-21; Lc 12,13-32), Jesús tiene otra propuesta para distribuir los bienes. El criterio es la necesidad cotidiana de cada persona (Mt 6,11; 20,1-16).

Su proyecto es el don del compartir. Lo podemos percibir en su manera de compartir el pan y los peces. Los cuatro evangelios relatan la preocupación de Jesús con el tema del hambre de su pueblo y la distribución de la comida (Mt 14,13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,10-17; Jn 6,1-13). Tan central parece ser este gesto en las acciones de Jesús, que dos de los cuatro evangelios narran una segunda multiplicación de los panes (Mt 15,32-39; Mc 8,1-10). Es, según los evangelios, la señal más importante realizada por Jesús.

En la primera, queda claro que no es el dinero lo que resolverá la cuestión. Esta es la solución presentada por los discípulos (Mc 6,36-37). Para Jesús, en cambio, la cuestión pasa por la organización y el compartir. Ellos tenían cinco panes y dos peces. Ya sabemos que los números en la Biblia son simbólicos. La cantidad de canastos que se reparten (siete), es el numero de la perfección, de la totalidad. El problema, por lo tanto, no era la falta de comida, sino su justa distribución ¿Como se llega al gesto de compartir lo que se tiene? Primero, organizándose (Mc 6,40). Como fruto de la organización, se realiza el compartir. ¿Cuantos canastos de comida sobraron? Doce. Numero que simboliza a las doce tribus de don de desciende todo el pueblo de Israel. Esto indica que el proyecto de Dios es que nunca falte el pan en las mesas del pueblo de Israel.

En la segunda multiplicación muchos elementos se repiten. Encontramos también algunas diferencias; por ejemplo, en vez de doce, sobran siete canastos (Mc 8,8). Consideremos que, en la simbología numérica, el siete vale más que el doce. Abarca a todos los pueblos y no solamente Israel. También el numero de las personas que comieron (Mc 8,9) sugiere universalismo. EI sueño de Jesús es que, también en las mesas de los demás pueblos, jamás falte el pan. Como podemos ver, el milagro no es magia, sino compartir, fruto de la organización.

La lucha contra el hambre es tan central en su proyecto, que Jesús incluye la cuestión del pan en la oración que nos enseño. En ella, resume su Evangelio (Mt 6,11; Lc 11,3). En este sentido, no es simple coincidencia que, en la última noche, la cena pascual quedase como señal de su presencia entre nosotros para siempre. Cena que celebra la libertad, la unión del pueblo, y su comunión con Dios. Cena donde se comparte el pan y el vino. En ese pan y vino repartidos, Jesús se hace presente como Emmanuel, Dios con nosotros. Participar de esta cena es comprometerse con Jesús y su proyecto.

Frente a la riqueza que excluye, Jesús propone comunión y solidaridad con los más pobres. Propone el gesto concreto de misericordia (Lc 12,33; Mt 6,1-4), generosidad en los préstamos (Lc 6,35), ayuda a quien pasa hambre, o sed, o esta sin techo, a quien no tiene con que vestirse (Mt 25,31-36). También propone invitar a comer (Lc 14,12-14), y compartir los bienes (Mt 19,16-22; Lc 19,1-10).

En lugar del enriquecimiento individual, propone bienestar colectivo (Jn10,10). Y en lugar del consumismo y el desperdicio, sugiere una vida moderada (Mc 6,43; 8,8).

En cuanto a las relaciones de trabajo, Jesús tiene una propuesta donde no cabe la esclavitud. En su proyecto, no hay esclavos sino amigos (In 15,14-15), pues todas las personas son libres como hijos e hijas del mismo Padre (Jn 8,33-36; Ga 5,1.13).