lunes, 13 de agosto de 2007

La Lectura de la Biblia en Aparecida


Encontramos a Jesús en la Sagrada Escritura, leída en la Iglesia. La Sagrada Escritura, “Palabra de Dios escrita por inspiración del Espíritu Santo” (DV 9), es, con la Tradición, fuente de vida para la Iglesia y alma de su acción evangelizadora. Desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo y renunciar a anunciarlo. De aquí la invitación de Benedicto XVI:
Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de America Latina y el Caribe se disponen a emprender, a partir de esta V Conferencia General en Aparecida, es condición indispensable el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios. Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y la meditación de la Palabra: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vea que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn.6,63). De lo contrario, ¿Cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios (DI 3). (247)


Se hace, pues, necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesucristo vivo, camino de “autentica conversión y de renovada comunión y solidaridad” (EAm 12). Esta propuesta será mediación de encuentro con el Señor si se presenta la Palabra revelada, contenida en la Escritura, como fuente de evangelización. Los discípulos de Jesús anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra: quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos. Por esto, la importancia de una pastoral biblica, entendida como animación bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conocimiento de la Palabra, de comunión con Jesús u oración con la Palabra, y de evangelización inculturada o de proclamación de la Palabra. Esto exige, por parte de obispos, presbíteros, diáconos y ministros laicos de la Palabra, un acercamiento a la Sagrada Escritura que no sea solo intelectual e instrumental, sino con un corazón “hambriento de oir la Palabra del Señor” (Am. 8,11) (248)


Entre las muchas formas de acercarse a la Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la que todos estamos invitados: la Lectio divina o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura. Esta lectura orante, bien practicada, conduce al encuentro con Jesús-Maestro, al conocimento de Jesús-Mesias, a la comunión con Jesús_Hijo de Dios, y al testimonio de Jesús-Señor del universo. Con cuatro momentos (lectura,medicación, oración, contemplación), la lectura orante favorece el encuentro personal con Jesucristo al modo de tantos personajes del evangelio: Nicodemo y su ansia de vida eterna (Jn.3,1-21), la Samaritana y su anhelo de culto verdadero (Jn.4,1-42), el ciego de nacimiento y su deseo de luz interior (Jn. 9), Zaqueo y sus ganas de ser diferente (Lc. 19,1-10)… Todos ellos, gracias a este esncuentro, fueron iluminados y recreados porque se abrieron a la experiencia de la misiericordia del Padre que se ofrece por su Palabra de verdad y vida. No abrieron su corazón a algo del Mesias, sino al mismo Mesias, camino de crecimiento en la “madurez conforme a su plenitud” (Ef.4,13), proceso de discipulado, de comunión con los hermanos y de compromiso con la sociedad. (249)